martes, 15 de octubre de 2013

Una de Gila (para mis buenos amigos Anselmo y Emeterio).


1. Conversación telefónica.



–Digaaa...

–Hola, Eme, chavalote, soy Anselmo, ¿cómo te va, tío?

–¡Anselmo, joé, cuánto tiempo, qué alegría oírte, macho!... ¿No me digas que nos ha salido algo? Ya era hora...

–Pues eso mismo, ya lo ves, que Dios aprieta, pero no ahoga.

–Pues tú dirás...

–Bueno, verás... Lo primero, ¿tú sabes si Alfonso tiene todavía la radial gorda, pero la gorda, eh? Esa de dos palmos de disco, la que nos rob... la que nos trajimos de Suiza, ¿te acuerdas? Cuando nos llamaron para abrir una caja que se le había encasquillado al lechuguino ese del tesorero de no sé qué y que tenía dentro toda la pasta del secretariao del...?

–Pues creo que sí la tiene todavía, que anduve la semana pasada con unos rumanos en un trapiche de una sisas de cobre y había que cortar unas farolas pa’ sacarlo y fuimos a su local a por la radial mediana, y ahí vi que estaba la gorda también y... ¡Cómo no me voy a acordar de lo de Suiza, que anda y que no nos reímos una jartá en el apartamento aquel en Ginebra!, que parecía un transatlántico y que no paraba de decirnos el pijo ese repeinao y más estirao que un caballista jerezano: –Pero sobre todo, por Dios, por sus hijos, por su madre, por lo que más quieran, tengan muchísimo cuidado y no se nos queme nada, a ver si va a saltar una chispa y vamos a tener todos una terrible desgracia... Y sudaba y gemía más el tonto del haba que si la caja la estuviera cortando él mismo. Y la abrimos tan finamente, y medía por dentro aquello más o menos lo que un garaje, y había allí así como medio PIB de un año, hijo de puta sinvergüenza...

–¡Como pa’ no acordarse, Eme! Y oye, cojonudo lo que me dices de la radial... Pues entonces se la pides a Alfonso y le dices que ya se la devolveremos en unos días, y si pregunta pa’ qué, tú di que no sabes, que te la he pedido yo... Y luego te coges la Jumper, te pasas por el Leroy y compras trescientos discos de los cojonudos, de los BASF, pero de los alemanes originales, tú sabes, a ver si te van a tangar, discos para metal, de los extragruesos, para desbastar rebabas como melones, y luego cogemos aquí en casa también la lanza térmica y todo lo demás, hasta el equipo de protección, que ya sé que no vale na’ más que pa’ estorbo, pero es que esta vez nos vamos a currar a un sitio fino y a trabajar en público, y ahí sí que se la cogen con dos papeles con las mariconadas esas de la seguridad, los guantes, las gafas, los cascos, los arneses y toa la polla esa...

–¡¿Trescientos discos, Anselmo?! ¡La Virgen! ¿Pero qué hay que cortar? ¿El Pirulí por la base?

–Pues más o menos...

–Pues entonces, como comprenderás, una cosa es que tenga que poner la Jumper porque me la pides tú, que eres un colega legal, y otra que vaya yo a pagar trescientos discos pa' la radial. ¡Tú estás zumbao! ¿Tú sabes lo que valen trescientos discos de esos...?

–Emeterio, no seas cazurro, si esto es la oportunidad de nuestra vida, la de hacernos un porvenir en la legalidad, pero es que no te lo puedo contar por teléfono...

–Qué oportunidad ni qué leche, cabronazo, menudo morro tienes... A mí no me vengas con gilipolleces, y si no se pue' hablar por teléfono, pues habrá que hablarlo igual en otro sitio, digo yo. Me voy pa' tu casa, nos tomamos unas cerves y me cuentas, ¿vale?

–Vale. Venga, pues te espero. Y arrea, que urge.



2. Casa de Anselmo.




–A las güenas... ¿Se puedeee?

–A la paz de Dios. Pasa, Emeterio, tío, pasa, me alegro de verte...

–Déjate de prosopopeyas, Anselmo, a ver, desembucha, que me tienes intrigao.

–Pues pa’ hacerlo corto, que la Marina nos ha encargao un trabajillo en Cartagena. Como te lo cuento.

–¡Joder!, un trabajillo... ¡de tresceintos discos pa’ la radial! ¿Y quién es esa Marina? ¿Tu prima? ¿Qué tiene tu prima en Cartagena? ¿Una finca de cuarenta hectáreas con veinte postes de alta tensión que le están dando por saco y nos llama para que se los quitemos, como si fueran los bardales que asoman de una tapia?

–¡Que no, coño, Emeterio, que no me has entendido... la Marina, la Marina de Guerra, el Almirantazgo, los milicos, tío. La fuerza, el estado en acción, los ángeles de Charli, el brazo humanitario, el brazo armado, misiles, portaaviones, destructores, submarinos, la defensa sagrada de la Patria, la iniciativa de proyección estratégica, la guerra de las galaxias, qué se yo... La Marina nos llama a los astilleros de Cartagena, a ti y a mí, Eme, tío, ¡a nosotros dos, ná menos! Y los trescientos discos no darán ni pa'l primer día de currelo, que nunca piensas a lo grande grande, so antiguo. Nos tenemos que ir... ¡a cortar un submarino, te enteres! Eso es lo que no te podía decir por teléfono, ¡animal! ¡Nos ha tocao la lotería, eso es lo que ha pasao! ¿Hace o no hace?

Emeterio pega dos manotazos en la mesita y suelta una carcajada que se les cierra la ventana de golpe.

–¡Amos anda, Anselmo, a cortar un submarino! ¿Al bies, a lo ancho o en finas tiras como un pimiento? ¿Pero tú que t'has fumao hoy? Si querías tomarte unas cañas conmigo, haberlo dicho... Eme, macho, vente pa’ casa, nos tomamos unas cañas, nos fumamos unos canutos y nos echamos unas risas.

–¡Cojones, Eme, que va en serio, que ya sabes que yo no bromeo con las cosas del curro! Reírnos y bebernos, todo lo que se pueda, y echarnos los polvos que nos mande Dios, pues toda la vida, pero las cosas del curro son sagrás, ya lo sabes hace mucho. No me toques los huevos.

–O sea, que me dices que tenemos un curro, una cosita cualquiera, cortar un submarino, por ejemplo, ¡pues lo normal!... por encargo de la Marina de Guerra. ¿A quién no se lo han pedido alguna vez? Vamos, tío... Y yo me pillo la Jumper, la lleno de gasofa hasta la bola, trinco la radial gorda, me merco los trescientos discos, agarro la lanza térmica, te recojo y nos vamos pa’ Cartagena, en la jaca.

Y ahora llego a casa y se lo cuento a Belén. Oye mira, Belén, chata, que me ha salido una chapuza, tengo que irme con Anselmo a Cartagena, en misión secreta, a cortar un submarino. No sé si tardaremos un mes o dos años, eso no nos lo han dicho. Ya te iré mandando lo que pueda de parné, dale un beso a los niños de mi parte. Y Belén ni me llamará gilipollas, ni me dará un bofetón, ni me dirá que haga el favor de quedarme con mi puta madre ni que me vaya a tomar por el culo. ¡Qué va, tío! Seguro que me da un beso en la mejilla y me dice... llama sin falta todos los días, precioso, ¿me lo prometes?

... Y oye, Anselmo, además otra cosa. ¿Por qué no lo cortan ellos? Será que allí no hay mecánicos... Y otra más, ¿para qué cojones quiere nadie cortar un submarino? Eso no es una varilla, creo, ni siquiera una viga. Y la última cosa... Si esto va en serio, me voy contigo a Cartagena y al Bután, y en burro, si hace falta, que pa’ eso estamos y que no se diga... pero los discos los compramos a medias, faltaría otra, que no falla una vez que no intentes tangarme, so chorizo.

–¡Joder, lo que pías, encima que te he buscao el curro de tu vida! Estás cada día más gruñón... Pues, ¡ea!, los discos y todo lo demás a pachas, como toda la puta vida y como debe ser, como los colegas que somos, pero es que estoy sin un céntimo, eso es lo que pasa... Así que a ver si se nos ocurre algo para conseguir los discos...

–Hombre, pues haber empezao por ahí... Podría hablar con los rumanos del cobre y con otros coleguis del barrio que tampoco son mancos, algo se podrá hacer, digo yo, para arrimarse gratis unos cuantos discos, me deben más de dos y más de tres favores todos esos desgraciaos...

–Pues eso, así se habla... ¡Hala, avivando! Que te habías quedao como alobao, pero ya veo que vuelves en sí. ¡Este es mi Eme! Ganas me entran de besarte la coronilla, cerdo.

–Es que así, de sopetón, joé, tío, ¡irse a cortar un submarino como el que le acorta las patas a una barbacoa! ¡La madre que nos parió! Porque no se lo podemos contar a nadie... pero no me dirás tú que no dan ganas de ir a soltarlo en el bar. ¡El despelote!

–Bueno, tío, ahora en serio, vamos con los detalles del encargo. Tú ya sabes que tengo mis contactos, y que en esto de los trabajos de metalistería fina, pero discreta, por llamarlo de alguna manera, somos los reyes. Las cosas como son. Y eso, además de la policía, lo sabe quien tiene que saberlo. Y por eso nos llaman. Y de eso comemos.

–Eso es la pura verdad. Tienes toda la razón. El Anselmo, el Emeterio y sus muchachos. Las cosas más que discretas que no llevaremos hechas, tío...

–Pues bien. El tema es el siguiente, pa’ que luego no digas que no te vas informao. Los astilleros de Cartagena tienen el encargo de construir una nueva clase de submarinos para la Marina de Guerra. Una cosa así como dos estadios de fútbol de largo y como un túnel de metro de gordo cada juguete. Vamos que, puesta en millones, ni tú, ni yo ni nadie sabemos ni escribir la cifra que van a costarnos a todos.

Y resulta que ya tienen medio acabao el primer submarino. ¿Y qué es lo que ha pasao con él? Pues lo de siempre. Lo mismo que pasó con la vía del AVE a Sevilla en el 91, que los que venían de Sevilla y los que venían de Madrid no se encontraron... había cien metros entre vía y vía en el punto donde tenían que juntarse. Un triunfo de la ingeniería. No veas las caritas que se les pusieron a los señores ingenieros de caminos, y al señor menistro. Jolines y caramba, que decían todos, con la mayor cordialidad.


Y lo mismo que pasó cuando enterraron la circunvalación de Barcelona, ese mismo año, por la zona del puerto y resultó que faltaban unos centímetros para cumplir con la altura máxima autorizada de los camiones TIR, que era para lo que la hacían, para desaparecerlos en la olimpiada. Y hubo que levantar toda la cubierta de no sé cuántos kilómetros, en zona urbana, para volverla a poner más alta. Otros pocos durillos que nos costó la cosa... Y no paraban de decir los desdichados catalufos, los mandocantanos del lugar, pe... pe... però què és això, cullons?, con los ojos desorbitaos y echándose las manos a la cabeza.

Y ahora, pues otra vez lo mismo, tío. Esta vez tocó el submarino nacional, pero el de Berlanga. Peral se lo inventó el primero y estos ciruelos, esto. Lo mismo de lo mismo, vamos. Marca España. Que resulta que se han sentao los capataces y los entendidos a sumar lo que pesará el chisme, pero después, y no antes de haber soldado todo el casco, que solo son cuatro chapas..., y les ha salido que está gordo. Gordo, no, muy gordo. Vamos que el cacharro pesa mucho más de lo que tendría que pesar. Y, en fin, ya te lo figuras... Como el submarino de Gila:

–¿Me oye, mi teniente de navío?, al habla el sargento Ibiricu, que ya hemos echao el submarino al agua, pero no flota–.

–¿Cómo que no flota, sargento?–.

–Bueno, la verdad es que no sabemos si flota, pero lo que es seguro es que no sube, y este ya tendría que haber subido. Habíamos quedao con ellos en que subían pa' la una y media, p’al aperitivo con unas gambas en la cantina, pa' celebrarlo, que eso no se perdona, pero no suben... y ya son las ocho. Pa’ mí que se va a liar... y pa’ qué decirle más. ¿Qué hacemos ahora, mi teniente de navío?–.

–Pues vaya gaita, a estas horas, habrá que llamar al almirante... ¡con la mala hostia que tiene! Que no nos pase ná a ninguno... ¿Y los de dentro qué dicen?–.

–Sacarnos de aquiiiií... Pero se oye muy bajito y con muchos gorgoteos en la línea, y cada vez más débil...–.

–Pues con lo que me cuenta, Ibiricu, además de al almirante me parece que voy a tener que llamar también al señor arzobispo... ¡Qué oficio este de enlace de estado mayor, vaya puto asco! Manténgame informado y no se mueva del borde del malecón ni un segundo y a la noche alumbre el agua por donde lo han echao con una linterna. ¡Es una orden! Y si ve que sale pa’ arriba mucho aceite y chatarra y otras cosas revueltas, vuelva a llamarme sin falta. Corto–.

–...¡La hostia, Anselmo!, así que, si m’he enterao bien, el casco del submarino ya está soldao y ahora hay que cortarlo, ¿perooo... pa’ qué, por Dios?

–Bueno, pues parece que se han marcado un brainstorming, vamos, que se han sentado a parir y a pensar a ver qué hacen ahora con el engendro, los ingenieros, los almirantes, el ministro, los de hacienda, los de industria, no sé si también el agregado militar del Vaticano, un consejero de la Real Marina Suiza, más una consultora extranjera de ingeniería (o sea, estos últimos, los que tendrían que haber ideado el submarino desde el principio, pagándoles algo más, si no había más remedio, pero en el entendimiento de que flotara, subiera y bajara como si fuera un submarino y no como una losa de cemento) y además de llamarse de todo entre ellos, menos bonitos, me figuro, han llegado a la conclusión de que hay que aligerarlo de peso, antes que pasarlo directamente a chatarra de gama alta, que para eso siempre habrá tiempo.

Un lifting, vamos, quieren un restyling. Quitarle las lorzas. En castellano, un apaño. ¿Y cómo? Pues han concluido que se le sierra el casco como si fuera un canuto, se le echa una pieza pa’ que sea más largo, por no sé qué características de flotabilidad, de soporte estructural, del momento de torsión, de... la polla en patín. Y se vuelve a soldar como el que le añade un parche a una aleta de un coche con una buena hostia, se le quita de dentro todo lo que se pueda, como vaciando un trastero hasta dejarlo en su peso ideal, y si todo sale bien, llaman al Príncipe y lo botan en la bahía de Cartagena, cruzando los dedos hasta hacerse sangre, en particular la tripulación, que eso sí que tendrá que ser pa’ verlo, si le llega el día.

–No esta mal explicao, Anselmo, y rectificar será de sabios, pero si eso funciona, tal y como me lo cuentas, yo me la corto.

–Pues yo también, Emeterio. Pero ese no es nuestro problema. Nuestro problema es el condumio.

–Ya, pues cojonudo el curro que me estás vendiendo. Que lo arreglemos para que luego nos la tengamos que cortar. Razón de más para ni acercarse por allí. Además, lo que no entiendo muy bien es que pintamos ahí estos mendas, por mucho que sepamos de metalistería. ¿Es que no lo pueden serrar ellos? Anda, que no será por equipos y técnicos...

–Pues claro que pueden, pero ya no se atreven. Después de la cagada no queda ni un solo ingeniero, ni un solo oficial, ni un aprendiz de tercera de mecánico que se atreva a acercarse a un plano o a una llave inglesa sin un escrito notarial firmado y exculpándoles a ellos y a sus herederos hasta la cuarta generación de toda responsabilidad con lo que pase.

Y ya han caído el presidente del astillero, el ingeniero en jefe, todos los responsables del programa y caerán los almirantes, el ministro, el capellán castrense y la señora de la limpieza. Al tiempo. Allí ahora mismo se debe respirar un aire como en un gulag del año cuarenta y siete, antes de una visita de inspección del Padrecito Stalin. Así que para allá que nos vamos nosotros, pa’ Cartagena, a salvar a la Patria, Eme, tío, ¡toma ya la iniciativa privada!, los servicios externalizados... ¡Ay que me parto! Las oportunidades de los tiempos de crisis. ¡Vamos a emprender, tío, a emprender con la radial del Alfonso, con la Jumper del Emeterio, con la lanza térmica de servidor y con dos cojones y un palito! Y a sacarle las castañas del fuego al erario.


¡El Anselmo y el Emeterio, aspirantes a la orden del Mérito Civil y también a un marquesado si les apañamos bien la chapuza y aquello flota y sube y baja siquiera un par de semanas! Eso es lo que somos ahora mismo tío, futuros aristócratas, los señores Condes de la Lanza Térmica y de la Radial... como la Condesa de Fenosa, pero con grandeza de España. ¡Se han pillao estos capullos los cojones en dos mil millones, ná más! Y otros mil millones más pa' arreglarlo, más los que te rondaré morena, pero mucho tendrá que torcerse la cosa pa’ que no saquemos tú y yo siquiera cincuenta mil euros cada uno, como pa’ comer un par de años a costa de todos estos manazas. ¿Te lo imaginas, tío? ¡Comer dos años por adelantao!... ¿Cuándo te has visto tú en otra?

–Ya, bueno, tú dirás lo que quieras, Anselmo, pero yo creo que ya estás mayor para creer en los Reyes, porque yo te digo a ti que con estos tiburones de la mar océana, como no les cobremos cada metro de corte por adelantao y a tocateja, ni tres años, ni tres días, ni tres veces vamos a comer nosotros ni nadie. Pues menudos son estos pájaros y estos peces…


Anda, por favor te lo pido, antes de poner ni un puto duro de nuestros cochinos bolsillos, ya estas llamando al ministro, al almirante, a tu contacto o a su puta madre, para que aforen el adelanto, pa’ comprar los discos y los electrodos, pa’ cambiarle las cubiertas a la Jumper, pa’ pagarnos el viaje, pa' poder comer y echarnos una canita al aire por el camino y para dejarle siquiera mil euros a la Belén, a tu Josefina y a los niños...

Y cuando hayas tocao pelo, ya me llamas, pillamos lo que haya que pillar, lavamos, planchamos y almidonamos los monos, si hace falta y lo exige el contrato, y p’allá que nos vamos silbando... a cortar el submarino en los cachos que nos digan. ¡Susórdenes, mi contraalmirante! ¡Le manda cojones, vaya país que nos ha tocao en el sorteo!

Y se volvió para su casa, en el fondo ilusionado y a esperar el telefonazo, el bueno del Emeterio.



http://politica.elpais.com/politica/2013/10/13/actualidad/1381689359_105016.html

2 comentarios:

  1. Don Alberto, por si no anda al día con lo del sumergible que no flotaba en el 2013. Se están ocupando de ello -dicen-, aunque no he visto en los papeles que nombren a sus amigos Anselmo y Emeterio. Seguramente se lo callan, y ya, si eso, pues a ver que sale, ¿no? De todas maneras, si hay novedad digna de mención, espero que nos la cuente.

    https://www.eldiario.es/politica/Armada-recibira-submarinos-millones-sobrecoste_0_730377725.html

    https://www.elespanol.com/espana/20180118/submarino-no-flotaba-dispara-millones-gasto-armada/277973300_0.html

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  2. Pues naaa, despues de agrandar el submarino tambien hay que agrandar el muelle e ir de puerto en puerto de los futuros clientes porque todos los puertos del mundo mundial tendran que ser tamaňo supersubmarino si quieren aparcarlo alli

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