viernes, 30 de octubre de 2015

Mariano, cataplasma.


Nada como un trilero competente para manejar los naipes con maestría. O un incendiario de su almacén que luego le echa la culpa a un rumano que pasaba por allí con su carrito de ferralla, yéndose de seguido, indignado, a solicitar el cobro del seguro componiendo su mejor cara de buena persona. O la zorra que lame amorosa las heridas de las gallinas supervivientes que atacara a zarpazos la noche anterior. Y nada como nacer y criarse en cualquier parte de Galicia, o en las marismas del Guadalquivir, para, a base de buena voluntad, salir más castellano que los de Quintanilla de Onésimo, que ya no de Duero, o más catalán que los nacidos en Almería o en Don Benito o más español que el águila de la casa de Austria o que esas flores de Lis, en campo de coles, que diría un heraldista, de la de Borbón.

Nada como nacer, no por azar, sino por Aznar, como Mariano I de España y monago de Alemania, Mariano Isabel Primero de Trastámara y Osborne y Farfán de los Godos, Mariano I de las Castillas de naipes, Mariano Señor de las Inclinadas y Géminas Torres de la Plaza de eso mismo en Madrid, Mariano el Unificador de las Galaxias Patrias y Gran Capitán de las Tropas Auxiliares del ejército USA, Vara y Justicia del Reino de Valencia y León, Arzobispo de Madrid-Hendaya, por la gracia de Rouco Varela, Abad mitrado del Valle de los Vahídos, Supremo Olvidador de Todas las Fosas, Consolador Fraternal de Verdugos, Gran Mantenedor de las aves de cetrería, Maestre de la Congregación de los Demócratas Desurnados, Defensor Último de las Playas y los Acantilados, Comendador de la Sacra, Pontificia y Germánica Orden de Gürtel, Sumo Protector de las Artes del 3% propio y Fustigador Incorruptible de las del 3% ajeno, Sempiterno Inaugurador de Vacíos, Marqués de la Mano sin Parkinson, Rectificador de Idólatras seguidores del falso culto de la energía solar, Padre Prefecto Corrector de los desviados, Gran Notario del Reino y de su notaría de Santa Pola, Prístino Timonel del Bajel Patrio, Unificador Esclarecido, Fray Intérprete y Escoliasta de la Lengua Común para el Pensamiento Único, Frey Justo y Cabal, Protector de los experimentos científicos sólo con gaseosa.

Y Padrecito y Nuestra Amantísima Madre y Matroshka de las mil Españas, unas dentro de las otras, y en cuya última, moramos nosotros, los súbditos bien amados, pero quienes a pesar de su amor, lo hacemos llorar, le damos dolor, nos desunimos en el santo viaje de la carabela común, le llevamos pancartas y las ponemos a pie del plasma, por si así las viera, quizás, Mariano Nuestro Señor. Perdónenos, pues, el otro Señor.

Mariano Mariano, como aquel cómico, pero este Mariano, que parece el Sumo Sacerdote de ese cortijo-cromlech o Stonehenge de Guisando para adorar al Rey Sol de la Unidad inmarcesible de la Patria, con sus torreones musulmanes, sus grajos y cornejas nacionales de todas las etnias, con sus vidriados ladrillos moriscos, sus arcos visigodos, sus acueductos romanos, sus bancos de Gaudí y de Andorra, sus estatuas de Viriato, sus Bárdenas reales y sus Bárcenas a modo de simulación, sus Numancias y Termancias, sus cerámicas de Talavera, sus monedas fenicias, sus chequeras suizas y sus pallozas, cigarrales, pazos y masías, y sus rogativas para detener las aguas o la sequía –dañinas siempre como todo extremo, ¡insensatos!, tan terribles las riadas como el populismo radical, tan agobiantes las solanas como esa gota malaya de irreductibles izquierdistas insumisos–, para erigirse él todo, él solo, él único y únicamente en Emperador de su Rey, en Constituidor de su Constitución, en Juez de Todos los Jueces, en Administrador Único de todas las Haciendas, en Fiscal de sus fiscales, serena, marianamente siempre, para hacerse más y más y mejor Mariano Matamoros, Mariano matacoros de discrepantes, Sant Jordi Marià contra el dragón, si así fuera menester también, y Mariano matamarranos de hediondas, cancerígenas, procesadas y nitrogenadas carnes, Mariano matajudíos porque mataron a Nuestro Señor Jesucristo, Mariano mataateos que descreen y medran como la cizaña, Mariano matarrepublicanos pesados e insistentes, Mariano mataquincedemayos descamisados y desbecados y destrabajados y desechados y... cabestros.

Mariano, ciudadano honorario de Las Matas de hambre, de pena, de vergüenza, de desesperación... y Mariano sastre de todos los trajes, pagados o no, y El sastrecillo valiente de ‘Yo maté siete de un golpe’, y Mariano el Ungido de la Baraka del helicóptero, Mariano en su caballo blanco de Mariano, Mariano, diecisiete Marianos novios para diecisiete hermanas y Mariano somos novios de la muerte y Mariano ¡a mí la Guardia Civil!, y Mariano y cierra España, y Mariano de Rajoy y Brey, Serenísimo Marqués de las Colchas de Parches y Mariano el Necesario, Mariano el Imprescindible,  Mariano el Conde-Duque de Perales, pero de Lérida –¡Todosh losh peralesh shon míos, shon míos, shon míos... y lash butifarrash, las barretinas, las boinas y los sombreros de tres picos, y las fresas de Aranjuez y los grelos y los cachelos y los camarones de la isla y la Seat y la Telefónica, o como si lo fuera, que es de un amigo, y el último cuplé, los últimos de Filipinas y los mantones de Manila, y el Museo Thyssen y los goles de Telmo-Mariano Zarraonaindía y Montoya, también!–

¡Mía, mía, la calle, no, toda, toda España es mía, malnacidos, desespañoles, tibios, mequetrefes, desafectos, catalanes, afrancesados, luteranos, vascos, cipayos, zulúes, hugonotes, magrebíes, chinos! Mariano y sus landsquenetes al mando del saco de Valencia, Mariano el Conducator, Mariano a puerta gayola ante los bous al carrer, Mariano el Querido Líder, Mariano el Solo, él solo metaformoseado en los tercios de Flandes todos, en la Armada Invencible, en el León de Lepanto, él solo mandando aperrear –como los hermanos Cortés– lo mismo pubillas que rapaciñas que gaditanos shoshetes, que más dará... pues desobedientes e insumisas todas ellas, Mariano que será para toda la Españidad, como una eternidad con cuatrocientas Es mayúsculas, Mariano cincelando su sitial en la historia en un kilómetro cúbico de piedra pintada de rojigualda para cincelarle la Ñ, para cincelarle debajo una Corona, para cincelarle debajo un Made in Spain, un Marca España, la cabecera del Marca de cabecera, un ¡Zoy Ezpañó, cazi ná!, una Z de Leticia, un José María Pemán, un Luis María Ansón, un caracolillo en la frente, una cabra de la legión, un traje de faralaes, un Franco, ese hombre, un Vale quien sirve, un toro de la Vega, un Por el Imperio hacia Dios, una carreta del Rocío, un Asturias, Patria querida, y un Dios, Patria, Rey, Fueros y Tradición, y el Porompompero y una jota a la Pilarica que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa y que por eso le paga y condecora el señor ministro y para que, siempre, siempre, siempre, por lo siglos de los siglos, amén, seamos hoy más españoles que ayer pero menos que mañana y todo por la Gracia de Dios, por el Cid Campeador y Agustina de Aragón, por el Real Madrid y Cristiano, porque se nacionalice Messi, por los goles de Nadal, los raquetazos de Fernando Alonso, los títulos de badminton de los Gasol, los cinco Tours de Garbiñe Muguruza y con Urdangarín de bordón al timón del Bribón del Borbón. Mariano, impasible el ademán,  haciendo guardia frente a los luceros, al amparo del brazo incorrupto de Santa Teresa y con la milagrosa mediación de Chicuelo y de Frascuelo y de los santos niños Cosme y Damián. Y ¡Tachunda! y ¡Ayayaiiiii! y Fiiiiirrrr...... ¡mes!

¡Resiste, España, resiste! Por plasma y como cataplasma única para todo mal, que habiendo cataplasma –y vídeo electoral hay que lo demuestra– para qué querrá nadie la Seguridad Social.

La suerte que tenemos de ser una unidad de destino en lo universal, ahí es ná, y con la joya de médico que nos vamos a quedar.


2 comentarios: