miércoles, 21 de enero de 2009

¡Ay las mejoras!, o la cólera de Dios.

¡Ay las mejoras!, o la cólera de Dios.

Nada más alarmante que dejar a un tonto a cargo del pulsador de la alarma. Y con lo que les sosiega el ruido, además.

La tiranía no es un tronco desnudo sino árbol frondoso y ramificado, y hasta cuya última ramita es culpable, por cierto, así se tape pudorosamente con primoroso ropaje de delicadas hojitas color verde inocencia.

La presunción de humanidad alcanza –incluso– a Michael Jackson. Y sí, es sin duda píldora ésta ardua asaz de tragar, ya que preguntan.

Circulando apenas a media altura ya se tiene la sensación impagable de volar muy alto. Lástima.

La letra y la música de cada cosa. Y además su tempo, su compás, su clave, su armonía, su contrapuntos, su melodía, y, –qué cansancio–, también su letra pequeña. Demasiados frentes a los que atender. Por eso nos roban tan impunemente el tiempo, el alma y las cosas, a todos, y a los músicos, además, les robamos completas sus letras y músicas, por añadidura, si bien parece cosa ésta última de las que no deban de proclamarse, por urbanidad y por conveniencia general, siendo incluso ya algo tarde para empezar a exigir la abolición universal de internet, este planetario patio de Monipodio. Así que irá a ser que no.

Producto nacional bruto ¡Y tanto!

Y los ves quejándose, meneando impotentes la cabeza y musitando: ¡hay que ver el precio al que nos están poniendo las cadenas, estos cacho cabrones!

La duración sólo le es dada a lo inefable. Y lo demás dejémoslo en contingente, para no dar el paseo en balde.

La únicas pruebas irrefutables de la existencia de Dios –ciertas contadas piezas de Bach– son al mismo tiempo la mejor prueba de su inexistencia, que ningún omnisciente o hacedor medianamente en sus cabales dejaría morir así, sin más, a propagandista semejante. Y ganas me dan de pagar unos buenos euros para que la memez ésta de reflexión vaya dando vueltas por ahí unos días, escrita en el culo y en las cachas de un autobús urbano, sobre el fondo de una partitura, por ejemplo, y al rebufo de la existencia de otras parigualmente memas, je, porque he visto que no sólo no se ríe nadie de ellas, sino que las sacan en el telediario, madre mía del amor hermoso, a ver si alguien es capaz de explicarme, por caridad, cómo se logra...

Se prefiere con mucho lo confuso a lo diáfano, aunque sólo sea por el placer de poder lanzarse a interpretar al gusto, me imagino.

El graffiti es el mejor sistema conocido de dejar esparcida la basura en la pared, en lugar de en el piso.

El libro no educa a quien lo lee con el fin de educarse (Nicolás Gómez Dávila).

Sólo leo contemporáneos, de Epicuro a Boecio, a Erasmo u Omar Kayyame pasando por los Migueles: Cervantes, Hernández, Espinosa y Marías el joven, por citarlos contados. Los antiguos, en cambio, ya me satisfacen menos.

En lo tocante a barbaries de las de bolsillo, tampoco me parecen más incomprensibles un eunuco o un castrato que un chorbo de estos, tachonado de piercings.

Podría decirse que la civilización es aquello que queda fuera del alcance de la comprensión, no sólo, sino de la larga mano del poderoso, que a pesar de serlo, sin embargo nunca ha podido impedir, por poner un ejemplo, que un ser humano dé su vida por otro, así por la barba y porque le venga en gana, por dignidad, por sentido de la justicia, por caridad, por altruismo, por fe religiosa incluso, por deseo de inmanencia o por simple decencia, venido el caso. Ante semejantes manifestaciones de potencia moral, el poder nunca ha podido hacer otra cosa que menear resignado la cabeza y, a lo sumo, cambiarle el nombre a una calle con la pompa que requiera cada caso. Y a otra cosa, mariposa.

Cualquier problema puntual, gracias a la intervención del personal cualificado y facultado expresamente para resolverlo, adquiere rápidamente la capacidad de aspirar a permanente y en no pocos casos, a ese almirantazgo de los problemas que les supone el lograr alcanzar la categoría y el cargo (con sus pertinentes sopados y emolumentos) de insolubles.

Lo que menos soporta el verdugo es una sonrisa de inteligencia.

Se suben al cajoncillo ese del logotipo, de los micrófonos con las pegatinas y los banderines de esto y de lo otro y se arrancan los próceres (o proceresas): Se-pan los vio-len-tos que es-ta so-cie-dad de-mo-crá-ti-ca no va a to-le-rar ni un mi-nu-to más... deletreando con una despaciosidad inverosímil aquello que hubieran de declarar; lentitud conveniente tal vez para una audiencia de pacientes con demencia senil u otras severas discapacidades intelectuales, pero incomprensible de todo punto en cualquier otro ámbito de la vida pública.
Siguen y cumplen con ello los barandas, he oído, las consejas y mandamientos de sus asesores de imagen, que conceptúan el coeficiente promedio de comprensión de los oyentes como bien se puede colegir de esta actitud que tan severamente preceptúan a sus pupilos y tutelados. Y tendrán razón tal vez o no, vayan a saber, pero desde luego lo que es a mí, y supongo que a algunos millones de otros, cuando me hablan así es precisamente la comprensión lo primero que se me anda al garete, pues ya me ocupo yo de inmediato en ver cómo logro distraerme con algo menos lento, insufrible, patético y desde luego ofensivo, por cierto, llegando al extremo incluso, en tales ocasiones, hasta de albergar pensamientos propios; quedándome la duda, después de todo, que tal cosa fuera a la postre lo que verdaderamente desearan alumbrar en la clientela todos estos encajonados y microfonados mendas y sus autorizados asesores, conjeturo.

Contexto, contexto..., el lenguaje es el contexto ¿Quedó bonito, lector?
No, sólo quedaron sardinas, contestarán alguno que otro, distraídos evidentemente, y con la cabeza en otro contexto, quod erat demostrandi.

Satisfacciones locales. Ladran, luego encabronamos.

El fin implica unos medios, lo que no los justifica, eso sí, pero es que son dos cosas distintas.

El diablo se ata la tolerancia al rabo, con la que hace todos estos estragos, a los que llamamos mejoras.

Cualquier idiocía busca a otra, la encuentra, alzan curiosas el rabo y las orejas según se reconocen, se hocican un punto, se dan gustosa lengua, copulan finalmente con el oficializado desenfreno de los sábados, alumbran otras nuevas...

Hay que ver la de cazos, jarras y barreños sin fondo de alma inmortal, de espíritu trascendente, de inmanencia, de sensibilidad y de razón metafísica que afirman poseer sin duda alguna, y cuanto más espesos, más parecen nadar en la sobreabundancia de todos ellos, que sumados, no han logrado imaginar en diez mil años ni el principio de una tuerca, con su tornillo, y esto por no hablar del dominio del fuego, o de la rueda...

Hay que ver la barbaridad de años que hay que echarse encima para alcanzar una mínima juventud de espíritu. O, dicho de otro modo, cada año me pesan más los muchos que todavía me siguen faltando, creo.

No se trata por lo general de verdadero o de falso, sino a lo sumo de actual o de trasnochado, y esto ya puestos a que se fuera a ocupar alguien de tales antiguallas, que también serían ganas.

En las sociedades matriarcales a las estatuas de Dios en lugar de taparrabos se les colocará preceptivo burka, o bikini, según dispongan el meridiano, el paralelo o el ponderado cruce de ambos, entiendo.

Siempre hay una buena legión afanada en convertir en basura tecnológica y ética cualquier buen invento inteligente, más la preceptiva cola de injuriantes echándole la culpa al que lo inventó. Y no pocos de los que vociferan tendrán sus dos y sus tres carreras técnicas cursadas, faltaría más. ¡Ay San Ricardo Felipe Feynmann, ampárame bajo tu manto cuajado de diagramas como luceros y llévame contigo ya y de una puñeterísima vez a ninguna parte!

A todas estas admirables nuevas generaciones apenas les separan unos cuantos errores exitosos y cum laude del ir a quedarse convertidas, y más bien pronto que tarde, en resentidas viejas guardias.

Cuanto más inteligente, más culpable, sostiene por lo general el común. Y con bastante menos aparato teórico ya habría mimbres más que sobrados para empezar a alumbrar y alambrar un Gulag de esos que no se los salta un gitano, concédanmelo.

El corazón sólo se rige por las inapelables leyes de lo imprevisible.

Epístola moral a uno mismo. Ya que escribes, házlo, como mínimo, sin punto alguno de humildad. De lo contrario, pide perdón.

Tiempos éstos, en los que sólo te cuentan las verdades del banquero.

Si de verdad albergas en tu corazón alguna idea que sabes falsa, tal vez ya hayas embocado con éxito el camino de la buena estrella. Suerte pues, puto falsario.

Palabras que dicen más que mil imágenes: lameculos. Y háganme el favor de no írseme de rositas de la frase. Considérenla despaciosamente, que está aquí para eso. Siquiera y por lo menos, visualícenla, háganme esa caridad.

Mi padre nació en 1909 y comparado con lo que le trajo el futuro a él, a mí no me dejaron los reyes magos ni el diez por ciento de su apabullante catálogo de novedades. Y encima tuve también que perderme dos guerras mundiales y una fratricida, con la de oportunidades de crecimiento que se generan en tiempos de crisis, según pregonan los numerosos sabedores de ello, ¡Mecachis y jolines!, pero es que ando yo hoy metido en harina de quejas, así que discúlpenme las recias interjecciones.

Y luegos tenemos a aquellos de los crímenes en favor de la humanidad, como ellos mismos no se recatan en señalarnos...

Nunca falta quien logra venderte por un justiprecio la redecilla para que puedas llevar cómodamente tu agua de acá para allá.

El éxito del cristianismo nos lo revela toda esa cantidad de cosas excelentes que se han ido llevando, un siglo y otro siglo y por los siglos de los siglos, a crucificar.

Abomina don José María Aznar de aquel Mayo de 1968 y sus conjuntos, de aquellos muchachos parisinos dados a filosofar por las paredes y de aquellos hijos californianos de las flores y de cuántas otras cosas de sus mesetarias mocedades se le alcancen a asomar hoy día por el caletre, parece. Sin embargo salta a la vista que algo sí se le quedó pegado y bien pegado, le guste o no, de aquellos sus antaños de Campeador: la pelambrera, el bigotazo y las pulseras, que hay veces que casi se parece a Frank Zappa, el gachó, ¡Hay que joderse!

Podría decirse que la política se asemejara a una pedrea antigua de aquellas de las de los pueblos, de tan larga tradición por estos pagos, tirando los mozos fuerte, derecho y a descalabrar; aunque será obligado aquí introducir una matización: todos sus protagonistas son artistas consumados de la esgrima corporal, del amago, del agacharse y del esfumarse a tiempo, así que las pedradas nos vienen a caer todas al público, de natural siempre curioso, confiado e imprudente, y con el que ni siquiera gastan la delicadeza de vendarnos antes de la lapidación, como por cierto, sí que se acostumbra en otros lugares.

El éxito y el fracaso de las sociedades cuentan con una vara infalible para medirlos. La longitud de las colas de desesperados por entrar o por salir de unas y de otras.

La lucha contra la inteligencia nada pudo contra el dominio del fuego o la adopción de la rueda. Y se puede apostar sin miedo a que no les faltarían detractores. Pero lo cierto es que hay saberes prácticos que parecen sencillamente superiores a cualquier otra cosa, filosofías y filósofos incluidos, los cuales en no pocas ocasiones, y en cuestiones de sabidurías, es decir en asuntos de su estrictísima incumbencia, parecen simples economistas, explicando lo que buenamente se les ocurra, mal, tarde y a toro pasado, al tiempo que se aplican con profesional disimulo el árnica en los topetazos, mientras ponen el cazo con la otra mano, eso sí, por el dictamen facultativo.

Habrá que hacerse más pequeños, menos voraces, más baratos y sobre todo habrá que ser muchos, muchos menos. Cómo y cuándo alcance a realizarse esta odiosa labor en la que nadie quiere ni tan siquiera ponerse a pensar y que dicho sea de paso, negará de raíz toda la evolución anterior tanto animal como cultural de esta especie de autoatribuidos reyezuelos del esquinazo éste de la creación que vamos desguazando pasito a paso, es algo que nadie sabemos, aunque cualquiera alcanza a imaginarse cuáles serán los métodos elegidos si es que alguna instancia, alguna vez, diera en acometer el doloroso asunto. La única consolación que se me viene a las mientes es la seguridad de que, en lo que a mí atañe, no me quedará físicamente tiempo para verlo. Pero también es verdad que hace venticinco años pensaba yo que de ninguna manera llegaría a ver el que ya se intuía como inevitable, aunque sin duda menos incumbente, deshielo del Ártico, y sin embargo el asunto ha terminado ya como el viejo y eficaz chiste (advenido casi a la categoría de apólogo, para el caso) del aristócrata británico cuyo mayordomo le viene avisando:
–Milord, el Támesis ha crecido catorce pulgadas–.
–Gracias, James, puede retirarse–.
–Milord, el Támesis ha crecido tres pies y cinco pulgadas–.
–Gracias, James, puede retirarse–.
–Milord, discúlpeme de nuevo, el Támesis ya ha crecido ocho pies y seis pulgadas–.
–Gracias, James, puede retirarse–.
–Milord (introduciendo una visita con eso gesto deferente de la mano que distingue a los de su oficio), el Támesis.

Aquel perro de la noticia de hace algunos días, en medio de una autopista arrastrando con todo cuidado por el cuello para sacarlo de la calzada a un congénere agonizante que había sido atropellado. Y es que a veces se vuelve acá y allá la cabeza buscando un hombre, remedando al filósofo, y se topa uno con la humanidad donde verdaderamente menos se la esperaba, y aunque sólo fuera por pura ignorancia, pues en el fondo y bien mirado, viene ésta a manifestarse donde nunca dejó de estar, entre los seres más fieles de la creación, los perros, Diógenes, maestro.

Proceder con el debido orden lleva a admitir que también existen preguntas sin respuesta. Pero cuesta llorar de rabia con estos lagrimones amargos de fracasada divinidad que se nos deslizan tantas veces mejilla abajo. Miserere nobis.

Hay algo todavía más difícil que intentar vivir de escribir, vivir de leer.

Esa exquisitez de escrúpulos de algunos es lo que hace que la mierda nos la tengamos que comer tantos otros. ¡Ánimo, llorones!, y a cada cual su buena cucharadita, como dispondrá amablemente uno de esos simpáticos encargados repletos de don de gentes que nos la reparten.

La vida parece un desesperado agitar de manos en medio de este torbellino ingobernable, aunque hay que ver lo que tarda uno en ahogarse, y aún a pesar de las tantas ayudas bienintencionadas que tiran para abajo.

El cacillo de lo que creías saber se disuelve a la mínima en el barreño de lo que aprendes de nuevo, y vuelta a empezar de nuevo el jugueteo con los tropezones en la sopa de letras.

En lo político, el que más y el que menos quedamos a merced de los sueños de otros, a los que llamaremos pesadillas, para entendernos.

Darwin. Un tipo con suerte, si naciera ahora, 200 años después, tendría que acabar escribiendo “Sobre la extinción de las especies”, lo que se mire por donde se mire resultaría en bien desesperanzada ciencia positiva, que incluiría sin duda la seguramente famosa explicación de “cómo el hombre regresó a los árboles”, con tablas y diagramas en PowerPoint, con su estilo diáfano e inapelable, el de Darwin digo, no el de PowerPoint.

Estilo telemagacín matinal. Las verdades del día, en el mercado, siempre tienen los precios inflados. Pero si negociáis con habilidad os las dejarán en mentiras por un poco menos, y a la hora de presentarlas a la mesa, bien cocinadas y con su adecuado contorno, no habrá gourmet ni invitado picajoso que las distinga, queridas amigas mías.

Cualquier memo te exige actualmente que le demuestres por qué lo es, pues de lo contrario se ofende ¿Y cómo diablos se hace para llevar a un memo a seguir una explicación razonada, partiendo con el debido orden desde premisas sólidas y bien acordadas, y llevándolo a concluir inapelablemente? Átenme Ustedes esa mosca por el rabo.

Las ratas nos llaman una vez y otra a consultas. Para ratificarlas.

Delirante espectáculo el de esos estamentos, instituciones, organismos e incluso estados soberanos que piden a bombo y platillo sus perdones de cocodrilo a los biznietos y tataranietos de los ofendidos y perjudicados, como si pudiera existir de verdad algún ser vivo responsable de las culpas de sus tatarabuelos. Bueno, en realidad sí que concibo una miseria todavía mayor: la de los biznietos y tataranietos que exigen y hasta agradecen semejantes sainetes, esperpentos, comedietas y demás artes del oficio.

El único camino recto es el estrecho senderillo serpenteante y resbaloso que hay que irse desbrozando a diario, a mordiscos y machetazos, y contando, desde luego, con la preciosa ayuda de nadie.

Penetra más fácilmente un susurro que un grito.

Puestos a dirigirse a facasar, más valdrá hacerlo revestidos con adecuado pontifical.

No concibo mayor angustia intelectual, rayana casi en el dolor físico, que la contemplación despavorida y estupefacta de esas fotografías astrónomicas del inimaginable aglomerado de mundos inalcanzables a cuyo conjunto le llamamos firmamento. “Los verás pero no los catarás”, parece casi decirme una voz malévola a la espalda, y es entonces cuando me dan esas ganas terribles de liarme a patadas con los catalejos y los espejuelos y de ponerme a escuchar a Bach, por si hubiera suerte y se me cayera una lágrima, tal vez de resignación, tal vez de confuso entendimiento de vayan Ustedes a saber el qué. Y que Newton me perdone...

Una memez llama a la otra y ellas solas se hilvanan como cadena de bases nucleótidas flotando en esta aromática sopa primordial de perfumado ADN social. Y la única defensa que queda es ir a disolverse voluntariamente en álcalis, arrojándose en compañía del personal albedrío de cada cual a un caritativo matraz, repleto hasta arriba de apaga y vámonos.

El día que hayan logrado empujar al suicidio hasta al último cliente a ver cómo carajo se pagan las facturas entre todos ellos, hablo de nuestros bienintencionados proveedores, bien se comprende.

Videntes. Más vale predecir que currar, entiendo que entienden.

Desconfía de todos estos falsos filósofos que nos pasamos la vida empinando el todo. ¡Vergüenza tendría que darnos!

No existe el así llamado delito “de opinión”. Lo que de siempre ha resultado punible es el delito de diferente opinión.

Metáforas de metáforas de metáforas... que todavía están por construir, aunque sólo fuera por una sola vez, un ingenio cualquiera que funcione, las inútiles.

La estulticia tiene el pie ligero, mucho más ligero que el pie de cualquiera que huya despavorido de ella. Y así sabemos cada día más de la difunta Rocío Jurado, que ella descansará en paz sin duda, pero aquí abajo, a los que todavía permanecemos frente al plató, no nos han permitido ni una mala tarde de asueto, porque seguimos sabiendo también, cómo no, de Jesulines y Jesulinas, y de fulanos, zutanos y perenganos innúmeros, con sus coimas, nos guste ello o no, y además sin esperanza de alcanzar olvido alguno, pues basta con el mero azar y ese hozar normal de un ser humano por los alrededores de su día, para que cualquier revista, cualquier televisión, cualquier radio, cualquier conversación nos remitan a ellos una y otra vez, tenaces como esa gota de agua que acaba disolviendo las piedras o como el águila masticadora de hígados que le tocó en suerte a Prometeo. Tenemos así una parte de nuestra memoria secuestrada de por vida y ocupada manu militari por toda esta futilidad con causa clara, el sonoro don don do do don es don dinero, del clásico, proceso éste además que acontece sin término, dictatorial, opresivo, estultificante y desde luego insoslayable. Y no encuentro el botón de reset, por añadidura. Mal rayo los parta.

El estado actual de las artes lleva a pensar que los diferentes creadores se han intercambiado entre sí los instrumentos con los que practicarlas. Calderero a tus zapatos, que diría uno.

Antes de ser fusilados de cara a la pared sepan que entre los derechos inalienables de todos nosotros está el de exigir la revisión de las condiciones higiénicas y el necesario acondicionamiento, en su caso, del citado muro. Den por seguro que no existe gobierno que no disponga de un departamento dedicado expresamente a ello. Reclamen sus derechos. De nada.

Balbuceas y te comprenden. Hablas alto y claro y te rodea una sincera y cortés estupefacción. Tal vez habría que probar con pautas sincopadas de cuescos, o de eructos, o de rictus, un dialecto morse a base de una bestialidad común a todos con el que finalmente ser capaces de entenderse unos y otros, cabalmente...

No sé yo si los androides soñarán (cuando existan) con ovejas eléctricas, según ese bello acierto del famoso cuento de Felipe Kindred Dick, pero por lo que a nosotros respecta desde luego que sí, podemos soñar con ovejas eléctricas, hinchables, de peluche, de carne y hueso, estofadas y además con cualquier otra cosa imaginable, lo que constituye el principal problema que tenemos, la no limitación de los sueños en oposición a los clarísimos límites de la realidad, cuestión frente a la cual esa siempre espinosa y difusa ciencia de la interpretación de los mismos, resulta, bien mirado, una bagatela.
En cualquier caso, si podemos soñar también los sueños que postulamos para los androides es que tal vez ya lo seamos, lo que ya es más inquietante.

martes, 16 de diciembre de 2008

La ignorancia hace la fuerza

La ignorancia hace la fuerza.

Escribir sería fácil si la misma frase no pareciera, alternativamente, según el día y la hora, mediocre y excelente (Nicolás Gómez Dávila).

Y con respecto a estas pintorescas prohibiciones respecto de abrir y escarbar fosas comunes lo que se viene a colegir es que en pocos lugares se molesta más mentando la soga que en casa del que ahorca.

Ya no se ve necesario cortar cabezas, bastará con vaciarlas.

Estafas piramidales. Creo que las llaman así por lo faraónicas.

Nadie nos niega el pan y la sal. Bien duro y en las heridas, respectivamente.

La velocidad de propagación del oscurantismo en el vacío no sé yo si estará del todo cuantificada y bien establecida, pero tengo para mí que no debe de ser quisicosa, desde luego.

No sabe uno a veces, escuchando a según quién, si lo que aparentemente se les echa a faltar es el riego o más bien el qué regar.

La ciencia económica es esa cosa tan opinable y tan recosida a medida de la faldriquera y de las creencias de cada cual (si se me permite la redundancia) que dan ganas de llamarla conciencia económica, y ya va más que servida.

Seguridad jurídica. Hoy en día llamarle facha a un facha o perturbado a un perturbado todavía te sigue costando de seguro una multa y, de paso, tal vez hasta la cátedra. Aún no hace mucho podía costarle a uno el exilio, o la cabeza, o idealmente ambos. Parece pues incuestionable que mejoramos de forma espectacular, qué duda cabe.

Gustamos de todas estas soluciones precipitadas. Al fondo de un barranco.

Cervantescas. Gracias a la fama de tonto ya se puede ir avanzando buen trecho, Sancho.

Mobbing es cuando en el trabajo te tocan en exceso los cajones y sin la preceptiva autorización, me parece haber entendido., mardito inglé ézte de la reina, con lo fácil que ha sido de toda la vida decir que a alguien le están puteando o dando por el culo en el currelo, y sin tener que usar esas vocales dobladas, ásperas y foráneas, de tan cansina y trabajosa pronunciación, además.

En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro (Manuel Azaña). La verdad es que por mucho que nos lo hayan contado nuestros mayores, los que quedaron después de la rastrillada, digo, y a pesar de la larga prohibición expresa incluso de dicho recordarlo y contarlo, no alcanza uno verdaderamente a explicarse cómo debieron de ser aquellos tiempos, donde podía alcanzar la presidencia del gobierno y de la república un tipo capaz de pensar, decir y escribir cosas así... sin olvidar la angustia que entra de imaginarse lo que daría hoy el prócer en las encuestas con esos dos culos de vaso que se gastaba o lo que daría cualquier otro capaz de algo parecido, que ni la primera fase de selección del casting de gran hermano superarían los pobres, eso es seguro, y no digamos ya el meritoriaje en un partido político...

Adjetivos desaparecidos en batalla. Probo. Caído en singular y gramática contienda, creo, por causa de haber acabado dando las vocales pr en b, a causa de vayan Ustedes a saber cuál curioso mecanismo de decaimiento vocálico característico del castellano actual, que yo desconozco, pero que seguro que habrá de haber por esas reales academias, que pagamos todos, los suficientes lázarocarreteres, manuelalvares, lapesas y menendezpidales redivivos que nos lo puedan intentar explicar.

Catecismos. El patrimonio justifica los medios.

Cada vez entiendo menos, parecería como si se me hubiera quedado encasquillado el turboincomprensor.

Reuniones en la cumbre. Con todos esos comangantes en jefe escoltados apenas por escasos veinte o treinta mil mozos de estaca, por ahorrar, que acaban por lo general afeándonos el inmerecido bienestar, y solicitándonos encarecidamente ¡Por Dios! que apadrinemos banqueros por nuestro propio bien, que no me dirán Ustedes que no es como pa’ ir a mear y no echar gota, como con precisión exquisita se decía de antiguo.

Nada parece ya cuestión de verdadero o de falso, sólo causa algún tipo de comezón moral y algún punto mínimo de debate, ocasionalmente, el que algo sea caro o barato. Y ya paren Ustedes de contar.

Nunca cambies la salud por la riqueza, que decía el sabio, ya ves tú, y yo que venía tonteando con la idea de que fueran sinónimos...

Me fascinan ciertas intervenciones del azar, por lo que a veces juego a remedarlas cuando me encuentro, por ejemplo, una cartera en la calle que le devuelvo al punto al primero que pasa.

La soledad es esquiva. A veces sale a uno a pasearla y no es raro darse cuenta de pronto de que ha desaparecido, la inconstante, porque un cualquier indocumentado, a la que te descuidas, ya te está dando palique, intentando invitarnos a una reunión y, en definitiva, arruinándonos una vez más la tarde.

Políticos. Lo grave no son las banalidades, insultos y memeces que sueltan coloquialmente –como haríamos cualquiera–, cuando creen que no se les escucha, lo verdaderamente grave son las que largan cuando se ponen a trabajar armados de su mejor intención y en público, desplegando toda su capacidad, saber y energía, en serio y por el sacrosanto bien de todos nosotros, dicen; bien éste, por cierto, del que el Señor bien poco nos guarda, y que hora sería ya la de reunirse unos cuantos e ir mandándole un recaíto al respecto, la verdad.

Muchas mentes racionales y cartesianas se sienten desacomodadas e incluso se muestran no poco picajosas con esos extraños saberes de la física cuántica: partículas y subpartículas inasibles que al momento son como ondas estadísticas o evasivas nubes de energía y al otro cumplidísimos proyectiles cabalmente discretos, que aparecen y desaparecen como por arte de birlibirloque vulnerando paridades, exclusiones y simetrías u ocupando posiciones impredecibles, o compareciendo una sola de ellas en dos lugares al mismo tiempo... y otra buena copia de maravillas así. Sin embargo esas mismas cabezas ordenadas y a menudo piadosas no parecen sentir excesivo desasosiego con esta ciencia económica nuestra de cada día, tan terrenal y de bolsillo, aparentemente comprensible y facilona y que proclama hoy una certeza y mañana su contraria, que aplica una misma receta para obtener efectos opuestos o varias distintas para intentar combatir una ruina con aparatosos eurekas que a menudo las acaban produciendon peores y todo ello con grandioso aparato de prensa, taquígrafos y corifeos, al amparo de políticos, administradores y cleptócratas que les dicen sí a lo uno y sí a lo otro y sí a lo de más allá, sin mayor rubor, comezón o desasosiego morales ni científicos por parte de unos ni de otros y comprando y vendiendo todos en comandita y en franco batiburrillo en función de tan imaginativas creaciones y con total independencia de los resultados, además, por lo general malos, peores o catastróficos, a elegir, que tan curiosa sistemática viene a producir cada lunes, cada jueves y cada junio, que no se atreverán a decirme que no, por favor se lo pido. Y sólo le ruego al Señor que en su divina misericordia me aparte todo lo posible de ellos y me dé luces para intentar seguir por esos otros caminos poco frecuentados pero desde luego menos estrambóticos de las incertidumbres y de las dudas, cuánticas o del tipo que prefieran, que de las certezas ya me guardo yo, y de la mano a ser posible de las siempre nobles calaveras de don Alberto, don Wolfgango, don Werner y don Kurto; conocidos mejor como Einstein, Pauli, Heisenberg y Gödel, respectivamente y por sus apellidos, e incluso de otros etcétera que ya sería demasiado prolijo traerme aquí a cuento. Y a aquéllos otros de las opciones de futuros, de los fondos estructurados y de las ponderaciones AAA pues que les vayan dando pomada no, sino sin nada de ella, por favor y por lo que a mi atañe.

Cuando las gentes piadosas se lavan las conciencias te ponen perdido con las salpicaduras y un ojo morado –a la que pretendes esquivarlas– con esos tremendos puñetazos de arrepentimiento que se atizan en tu pecho.

Aquel que procura el bienestar ajeno ya tiene asegurado el propio (Confucio). Otra es como vengan a interpretarlo más de uno y más de dos de esos que todos nos sabemos y que andan henchidos por ahí proclamando “yo he creado veinte puestos de trabajo”, “yo doscientos”, “yo dos mil”, y yo y yo y solamente yo, como se oye entonar al cada vez más poderoso coro a tutti, y como si los afortunados en el sorteo de los salarios no hubieran tenido quizás también algo que ver en el repletado de semejante cornucopia de bienes... ajenos evidentemente a ellos, que de eso sí que no cabe duda.

¡Ay todos esos master en MBA!, por la Soborna.

Seguimos embalsamando casi igual que en la antigüedad, solo que extrayendo la materia encefálica en lugar de por la nariz a través de las ojos y de los oídos, utilizando para tal fin un maravilloso instrumento de alta tecnología que posee la novedosa capacidad de no dejar la más mínima huella física en los cadáveres y que se conoce popularmente como televisión.

No hay patria más sagrada que esa cartera que a algunos les late briosa en el pecho.

El lenguaje no es más que una matemática rebajada de dificultad, gracias a lo cual a muchísimos más nos sirve para muchísimo menos.

Blanco y en tetrabrique, Don Simón.

A veces pienso que mi alfabetización fue excesiva. No me sirve para otra cosa que llevarme disgustos.

Asesinos despiadados que se mean en los calzones al ser detenidos. Aunque tardíos, no dejan de congratularme ciertos destellos de humanidad, tengo que reconocerlo, y aún a mi propio pesar.

martes, 11 de noviembre de 2008

Libertad de mercado. No hay mal que por cien no vendan.

Libertad de mercado. No hay mal que por cien no vendan.

¡Ay la Conferencia Episcopal! Las ganas que tiene uno de verles como mejor se compadecería (y nunca mejor dicho) con su acendrada piedad. De rodillas y sobre una fuente de garbanzos. Garbanzos sin cocinar, como ya se habrán figurado.

Parece ser que ya ni las torres de marfil nos van a dejar en paz, por no sé muy bien qué de la salud bucal de los elefantes, me ha parecido entender.

El moralista es ese que te entrega la hoja de parra con un velcro, para que en el caso de que vayas a quitártela te enteres bien enterado de lo que vale un peine.

Tiempos éstos, de delicados armagedones atenuados.

Por como se quejan y dejan oír cómo les crujen las mandíbulas se diría que cada vez que se remueve una fosa común a los que les duelen los huesos –y de verdad parecería que atrozmente, pobrecillos– es a todos esos hijos y nietos ideológicos y seguramente no tan in pectore de los asesinos.

Existen tres tipos de sectas, las que te exigen desnudarte de cintura para abajo, las que te exigen desnudarte de cartera para adentro y las que aúnan ambas prácticas religiosas en piadoso, tolerante y nunca suficientemente bien admirado sincretismo.

Para disfrutar del merecido descanso y un tranquilo sosiego nada como la incomodidad del propio domicilio.

El único capital fuera del alcance de cualquier delincuente económico es la juventud. Y da verdadera gloria verlos arrastrarse impetrando como asalariados a punto de despido, de cirujano plástico en cirujano plástico y de clínica de rejuvenecimiento en clínica de rejuvenecimiento, acartonados y con esa inexpresividad lela y fosilizada por la que seguro que han pagado gustosos sus buenos millones. Dan ganas de atarlos y hacerles cosquillas en los pies con una pluma, como en los tebeos, y sólo por el gusto de poder ver cómo se les cuartean los belfos, y de forma irreversible, espero, ya a las primeras risas.

Convendría ir yendo en pos de una salvífica teología de la liberación de la teología. Pagando incluso.

–Es más barato cambiar la pregunta que contestarla, so pesado–, le hicieron saber a un problema que se las iba dando de gallito, antes de borrarlo definitivamente y de un plumazo.

Pocas sensaciones más inquietantes que esas veces en las que se queda uno de la forma más tonta e insospechada con el rasero al aire.

Ya no soñamos con la revolución. A lo más que aspiramos es a la devolución, y gracias.

Lo más chocante sobre el pasado es todo este acuerdo unánime para comportarse como si no anduviera otra vez al caer.

Envidia cochina que me da Andorra, que allí de vez en cuando les cambian los príncipes.

Desde que la ciencia económica dejara demostrado a ciencia cierta que la tierra es plana, multitud de otras cuestiones básicas ya han podido ser consecuente y felizmente solucionadas, a Dios gracias.

Tampoco es tan difícil ser un cínico, basta con tener claro lo que a los demás les resulta oscuro y viceversa. Bueno, y proclamarlo, a ser posible, ante oídos cuantos más principales mejor, que a mayor número de Alejandros que acudan a retortero, más ruido de ingenios acompañará, más pasmo del común y más miel sobre hojuelas.

Para gastos os vendemos los valores, como diría un banquero.

Ladrillazo. Por sus obras los conoceréis.

Desde que busco trabajo me llueven las pospuestas.

Reconozco que en lo tocante a este abominar mío de todas las religiones resulto bastante estricto, la verdad. Pero es que lo inferí desde bien mozo y por obra de collejuda y orejitironeada catequesis, que aquello sí que formaba el carácter.

Los economistas no son más que simples teóricos de la rapiña, porque en la práctica, y como todo en la vida, el pastel se lo comen desde antiguo otros espíritus más voraces, prácticos, eficaces y despiadados, por lo general gente de abundantes humanidades, o letrados.

Cuanto más veo, escucho, oigo y leo del Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Mr. Paulsen, más solidario me siento con los ladrones de gallinas. Es más, tendré que acabar robando una aunque sólo sea por un afán de restablecimiento de siquiera alguna mínima dignidad elemental de la persona. Bueno, y por hambre, se comprende; y todo ello me ha llevado, además, a reflexionar insistentemente sobre un asunto que de verdad me concome: ¿Dónde demonios, ¡Por el amor de Dios!, se puede uno robar hoy en día una gallina?

Italia debe de ser el país más rico del mundo. Se permite sostener a la Mafia, a la Camorra, a la N’drangheta, al Gobierno Italiano, a la Iglesia Católica, a la Rai, a Bossi y a Berlusconi. Y aún así una importante mayoría de italianos come y cena todos los días. Si eso no es nadar en la sobreabundancia, venga Dios, lo vea y exija –cómo no– su parte.

Hay algo estremecedor en eso de que un litro de algunas aguas minerales cueste bastante más caro que un tetrabrique de igual cantidad de vino de mesa, como piadosamente han dado en llamarlo. Pero ese vino es el que cuida de nuestros mendigos, desvalidos y vagabundos y a él le deben muchos momentos de olvido de su condición y otros de reparador abandono en santa y acolchada embriaguez; esa otra agua, en cambio, cuida de los hígados y renes de nuestros mejores gilipollas; que paguen pues por ella más que si fuera sangre y que sapos se les haga en el gañote y en las entrañas. He dicho. Y por lo que a mi respecta de vez en cuando le doy un euro a alguno de los mendigos de la esquina de abajo, donde el DYA, mientras los amonesto con la mayor seriedad: –Y hágame Usted el favor de gastárselo en vino, no en agua, en comida u otras gollerías, que le conozco–, y le guiño el ojo. Y me lo guiña de vuelta. Y hasta a veces me voy con Dios, por lo que me ha parecido escuchar en alguna ocasión.

En estos tiempos revueltos ciertos optimistas se frotan las manos pensando que con esta bajadaza de la gasolina se van a poder sufragar la subidilla de la hipoteca...

Me comenta un profesor sevillano que en su ciudad, enfrente de no sé muy bien cuál tanatorio, existe un bar muy frecuentado, dada su ubicación, que se llama “La Gloria bendita”. Y luego todavía me viene de vez en cuando algún cliente con no sé que de que si a veces me paso tres pueblos en este blogue...

Directamente procedente de las profundidades del mueble de los afeites, adecuaciones, reparado de muecas y aquilatado de visajes del boudoir de mi perpetua, traigo en exclusiva para mis apreciados lectores esta leyenda:

L’Oréal PARIS
DERMO EXPERTISE
Derma Génesis
Cuidado Creador de Juventud Celular
Intensivo noche
¡Sublimador de amanecer!
renueva, retensa, descansa

(y espero que sepan Ustedes disculparme las exclamaciones, gracias).

La diferencia entre religión y secta a veces no logra desenmarañarla ni el mismísimo juez, así que para despejarse la cabeza lo mejor que podría hacer Su Señoría sería acercarse a oír misa a la capilla privada del Juzgado, se me ocurre, y con la venia.

La educación, las buenas maneras y el expresarse polido consisten en aprender a decirle desde bien pequeños a los lobos: buen provecho tenga Usted, señor Lobo Feroz, buen provecho tenga Usteda, señora Loba ferocesa, y que Usted siga bien, señor Don Lobotomía.

En España la administración gusta, y desde bien antiguo, de mezclar y confundir una vez y otra la educación en su sentido fuerte, es decir y para entendernos, el colegio mismísimo, con la necesaria política social de darle sopas al desdentado o incluso con el deporte, esa frecuentada y tan fecunda agonía de bolsillo; resultando todo ello un así como venirse a multiplicar peras por berzas, lo cual está formalmente prohibido, como bien recordarán sin duda del Bachillerato, o de lo que fuere que ahora lo sustituya. Y seguro que al punto alguno me requerirá amargo: ¡Demuéstreme Usted eso de inmediato, enredador, que no es más que un enredador! En fin, pues qué contestarle, amable lector... disfrutamos de la siguiente figura fáctica y jurídica capitaneada, además, por sus correspondientes Jana o Jano trifrontes, según toque cuota, colocados al mando de ese improvisado y descosido trirreme en el que los lanzan impávidos a marear las procelosas aguas administrativas; figura que se llama toda ella ¡Ahí es nada! Ministerio de Educación, Política Social y Deporte. Y que pase el siguiente con las reclamaciones.

Personas de sangre azul... no saben bien lo que me gustaría vérsela.

Si hay algo de verdad necesitado de una buena campaña de imagen son los cementerios.

Decía más o menos Carlos Kraus (cito de memoria) que las mujeres de su Viena de entonces deseaban aparecer vestidas y que las miraran como si fueran desvestidas. Y tal sería en sus tiempos, no lo dudo. Pero actualmente, y burla burlando, entre la primavera y el verano se nos pasan las damas cerca de medio año prácticamente semidesnudas aunque exigiendo taxativamente –y además por imperativo legal– que se las contemple como si anduvieran vestidas, con lo que el núcleo duro de tanta femineidad, me da a mí, va a seguir siendo el llevar la contraria, curiosa invariante ésta, sin duda, que a quién se le iba a haber ocurrido ir a despejarla impecablemente así tan a lo tonto, mira tú...

Si se piensa que la mismas conquistas de la técnica han servido tanto para difundir la Crítica de la razón pura como la crónica de un viaje de la Asociación Vienesa de Cantores, se disuelve cualquier angustia y se celebra la omnipotencia del Creador (Karl Kraus).

El Creador, por cierto, ese omniprepotente.

La nada no parece más que cualquier otro todo, pero con algunas ínfulas menos, tal vez.

Nos reiremos de los hindúes, pero aquí también tenemos nuestras vacas sagradas. Becerros de oro, mismamente.

El fin justifica las medias (y el liguero), me explicaba el otro día una buena amiga, matrimoniadora compulsiva.

Se puede perfectamente hacer de un cretino una persona respetable, pero no sin antes haberle ascendido las veces que resulten necesarias.

El gallo debe de ser un animal bastante inteligente. Lanza su grito de triunfo a continuación, y no antes.

Un aforismo no es más que la parte educadamente comunicable de todo lo que más duele.

Parece ser que estamos condenados a cadena perpetua de libertad. De mercado.

La tiranía se instaura cuando el gobierno proclama que es de día cuando manifiestamente resulta ser de noche. Por suerte, siempre podremos confiar en que cuando triunfe la oposición proclame lo contrario.

Ya desde la primera entrada del manual de estos tiempos se deja bien clara la futilidad de leer manuales en estos tiempos.

Nada como una credibilidad ganada a pulso para convertir falsedades en verdades con la aquiescencia, el beneplácito y el aplauso de todos.

Religiosidad local. Jesucristo y los doce a Móstoles.

Tampoco es tan difícil ser un monstruo, basta con hacer lo que se ve en la tele.

La comunicación entre la izquierda y la derecha no es aconsejable ni siquiera entre las manos de un mismo individuo, por comprensibles razones de practicidad, me informaba ayer un moralista de plantilla.

Según Berlusconi lo de Obama es bronceado. Y lo de Berlusconi debe de ser patinado, entiendo.

Reconozco que pocas cosas me dejan más pagado de mi oficio que esas máquinas de regar que salen a faenar los días de lluvia, porque polvo igualmente seré al cabo, pero desde luego me habrán dado sentido.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Vacunas. La triple lírica, contra la poesía, la narrativa y la dramaturgia.

Vacunas. La triple lírica, contra la poesía, la narrativa y la dramaturgia.

Las mariposas son uno de los símbolos más hermosos y universales de la libertad. Duran dos días.

La ignorancia apacenta el ruido y viceversa. Son pareja de hecho y andan juntos al mundo, con su preceptivo estrépito.

Hay discapacidades terribles, si bien pocas como la honradez.

Nunca faltan unanimidades para llevar exitosamente a término cualquier propuesta idiota, nociva o abyecta.

Esas personas que nunca sabe uno si son de izquierdas o de derechas son de derechas.

Actualmente, las partes más serias del discurso parece ser que sólo se desplazan en calzado deportivo ad-hoc. Así que el mayor espacio de reflexión que nos va quedando es el jogging. ¡Ay Santa María de Niké, ampáranos bajo tu manto!

No basta con inventar un problema, también habrá que poner los cinco sentidos en disfrazarlo de irresoluble.

Me encantan todos estos ensayos de conciencia-ficción.

Parece ser que los antidisturbios, para dispersar la verdad, lanzan bulos de goma.

!Asola, que algo queda!

Deshielo y desertización. Deben de hablar del pasado, supongo, y del futuro. En ese orden.

El bien y el mal habría que saberlos contemplar con adecuado daltonismo.

Y luego están esos que nunca descansan en su sagrada tarea de averiar para consuelo de todos aquello que ya funcionaba perfectamente.

Moscosos, días ellos de libérrima indisposición.

No existen argumentos suficientes en la creación para desasosegar a un idiota.

Publicidad. Consuma varones, probablemente la cosa X más Y del mundo. Y la locución habrá de efectuarla una seductora voz femenina. De fondo unas birritas, ni que decir tiene.

Cuando una palabra encuentra su engarce en un poema o cuando un verso halla finalmente su cumplido cierre, encajando con esa perfección tridimensional como de mandíbula, de rompecabezas de Rubik, o como en los engarces volátiles de las proteínas, pareciera como si jamás otra palabra en la creación hubiera podido ocupar tal función y lugar en el poema. Pero entre las fulguraciones que le quedan reservadas exclusivamente al poeta se encuentra aquella practicamente inefable de a veces ser capaz de sustituir ESA palabra en ESE lugar exacto que, como la piedra-clave de una catedral gótica guardaba la integridad total del edificio, por otra distinta y aún mejor cincelada que desempeñe la misma función (o tal vez una nueva y distinta, pero aún más cabal y rotunda y milagrosa), perteneciendo todo este fenómeno a la materia elusiva de la iluminación, y cumpliéndose además y de nuevo y para mejor circularidad la consideración que daba inicio a la reflexión: pareciera como si jamás otra palabra en la creación hubiera podido ocupar tal función y lugar...

Aún queda un amplio campo al cual poder extender la sacra libertad de información. Me refiero al de los calzones de tantas y tantas personas de clara y pública fama, a la parte interior de dichas prendas quiero referirme, se comprende, donde bien debieran de acudir los profesionales del esclarecer, iluminar y proteger ciudadanías (como en cualquier acreditada serie de investigación de esas ideadas para vomitarnos inopinadamente encima la cena), con sus bolsitas estériles y pinzas y bastoncillos de los de hurgar la nariz, y algodones y películas y dispositivos iluminadores y adhesivos asportadores de palominos y reactivos de la pus y de la pis y reveladores de sangrados y pérdidas y flujos e identificadores de sémenes y esmegmas, entregándose dichos sagaces y esforzados sabuesos al rastreo de esas verdades que tanto nos interesan y por cuya profesional exhibición y glosa ellos quedarán ampliamente recompensados con merecida fama, universal reconocimiento de su valor y virtud y un estipendio proporcionado, y ello todo en virtud de ese interés público al cual sabrán entregarse -además- con preceptiva falta de descanso. Y que Dios les bendiga por sus desvelos.

No hay que preocuparse de los que no saben sumar, pues en lugar de exigirles exactitudes tan poco democráticas como draconianas bien se les puede destinar a la tarea igualmente respetable del cálculo de aproximaciones y a la obtención de estimaciones para la mejora de las predicciones económicas o del análisis político-sociológico, sólo por citar dos ejemplos.

Enseñanza gratuita. Es decir que porque sí y sin saber nadie para qué. O que ya no habrá quien se acuerde de para qué carajo podría servir, la jodía.

Pienso en todas esas penitencias y cuarentenas de recurrencia anual y democrática. Democráticas en el sentido de que todos debemos elegir disfrutarlas por igual. Qué se yo..., Gran hermano, la cobertura de los premios Príncipe de Asturias, el debate sobre el estado de la nación, los entierros multitudinarios con derecho a Borbón y a arzobispo, la tradicional pegada de carteles, el reloj de la Puerta del Sol, (no, todavía no, sólo son los cuartos), el profesor Manuel Torreiglesias, and so on. En resumen que aquéllas Cuaresmas verdaderas, y su nucleo duro, la Semana Santa, resultarían igual de obligatorias y bostezativas, pero si se me apura eran más pintorescas, el atrezzo y la escenografía le daban cien vueltas a casi cualquier cosa que pueda verse ahora, incluidas las carrozas del día del orgullo gayo y, lo más increíble, chavales, ¡eran mucho más cortas! y además sin que nadie te viniera -encima- con pamplinas sobre la libertad del telespectador, que de entre todas las cosas que dan sueño ésta si que de verdad destaca.

La totalidad de lo que pienso o digo no da dinero. ¿Irá a ser, ya ves tú, que después de todo y casi como por arte de birlibirloque vaya uno, y del todo inadvertido, por la diritta via?

En el telediario de la 1 del día 6 de septiembre de 2008 a las 15 horas, y que principiaba -seráfico- David Cantero ¡Ay Dios mío!, con el habitual y “espectacular” incendio nuestro de cada día; no trágico, ni devastador, ni desgraciado, ni voraz, ni dramático, ni pavoroso, ni incontenible, sino ese como circense, semi-paisajístico y casi simpático “espectacular”, para sana alegría de todos los que disfrutamos de su vista, y que siempre le lleva a uno a pensar si sería éste el adjetivo que emplearían los discapacitados verbales del responsable de contenidos, del redactor, del corrector (si es que aún existe tal figura), del locutor o del sursum corda, si la vivienda, el edificio o la finca pasto de las llamas fueran de su muy digna madre de ellos o mejor todavía, suyos mismos.
A continuación un informador local in situ, balbuceaba una explicación ininteligible de otros hechos, a base de titubeos, repeticiones, trabucamientos, desdecires y desoladoras miradas al vacío, adornándose eso sí la actuación con un nombre exquisitamente autonómico y aparentemente bien escrito (lo importante es lo importante) que comparecía a guisa de firma al pie del dolorido monitor.
Continuaba el alarde informativo con otra noticia y su subtítulo, donde podía leerse claramente “paragüas”, así con toda su portentosa diéresis, lo que me obliga a plantear si será más zote y bisoño el ignaro “profesional” que tecleó impune (y quien sabe si ya al borde mismo del ascenso) tamaña bestialidad o el potente sistema de corrección que nunca falta en estos paquidérmicos organismos en evitación del mal decir, sofisticado e infalible engendro no sé si on-line u on-the fly como le dirán, me figuro, y ésto ya sí en impecable castellano.
El mismo día, en la edición madrileña del periódico El País, en la página 56, sección de “vida & artes”, se podía leer el siguiente titular en una subsección de informática: “Un portátil a prueba de niños y que permite vigilar a sus padres”. Sin palabras. Y hablo, pienso, de dos de los medios informativos en castellano mejor considerados , los más prestigiosos y exigentes con la calidad de su propia información, donde se imagina uno que los castings de bustos, de loros, de “comunicadores”, de embalsamados, de gacetilleros y de plumíferos, incluso en sus niveles más elementales, hayan de ser exhaustivos, exigentes, feroces tal vez y, siquiera en alguna medida, intolerantes a fallos, je y rejé.
Para concluir, ya escrito lo anterior, al día siguiente por la tarde, es decir el 7 de Septiembre de 2008, llegaron las nueve de la noche y dio comienzo el telediario de la uno. Impasible, David Cantero principiaba el parte vespertino con otra nueva desdicha: un espectacular incendio...

Con un poco de buena voluntad y un ánimo dispuesto a no dejarse llevar por cualquier necio optimismo cuartelero o de escuelilla de maestría en fullerías y demás negocios, se puede conseguir estar cumplidamente mal, o siquiera a disgusto, en cualquier parte.

Esas personas desconocidas y con un careto que algo suena, que se ponen gafas de sol para pasar por conocidas.

Vida judicial. De costa a costa.

Gregueresca. A la cebra, para concebir el ajedrez, lo que le falta es una pareja apaisada.

La música goza de su muzak como la literatura de su letrujak.

No se puede negar que la obra de Dios es ambiciosa, pero también es cierto que desconocemos con que presupuesto contaría de entrada el gachó del arpa, como diría don Ramón José Sender, que eso igual algo nos aclaraba las cosas...

No hay cosa más irritante que esos educandos que acuden a un cursillo con la manifiesta intención de impartirlo.

Y además están esos otros que nacen ya sedientos de legión.

Habría que poder exigirle al amor lo mismo que a los mensakas... entrega inmediata.

Se ha escrito tanto sobre religión que al final el público terminará por creerse que Dios existe. Y si no, al tiempo.

Democracia. La inteligencia fue arrestada, procesada, condenada, degradada públicamente y finalmente relajada al brazo secular, que finalmente la pasó por las urnas.

A fuerza de estudio, trabajo, tesón, esfuerzo personal y un disciplinado maltrato a su prójimo finalmente le ascendieron a cerdo.

Historias centroeuropeas. Empezaron por Checoslovaquia y León, siguieron por Checoslovaquia la Vieja, continuaron por Checoslovaquia la Mancha, alumbraron por último Checoslovaquia la Nueva para acabar dando, y felizmente, en Chequia la Sola y Eslovaquia la Nada.

En mi casa se hace siempre lo que yo obedezco (Gabriel García Márquez).

Fuga de cerebros. Se marcharon detrás la tele y ya no se volvió a saber nunca de ellos.

Hay cada ego que a la que se cruza con un año lo más que se aviene es a llamarlo mes. Y gracias.

Ya desde bien pequeños conviene inculcarle a los niños principios políticos sólidos. El saber del escondite, por ejemplo. Cu-cu, tras-tras.

¿Cibersexo? e-namorados.

Jurídicamente parece ser que somos todos acémilas, sí, pero de pleno derecho y con la inalienable prerrogativa del libre acceso a anteojeras y claveles en la frente en las fiestas de guardar.

Leyes integrales de esto y de lo otro y de lo de más allá, es decir, sin miga alguna.

Nacionalismos. Y toda esta milonga acabará finalmente cuando el centro exija ser tratado también con ese mismo guante blanquísimo y sedoso que se destina al agasajo y el cumplido pajeado de periferias.

Curiosidades metamatemáticas. Aquellos que tratan de enderezar infinitos lo más que van a conseguir es un 8.

Problema es tenerse que esconder debajo de su cama. Problema más grave es tenerlo que hacer debajo de la cama de su hermana. Es dato biográfico pero hace ya tanto que casi ni me acuerdo de como salí con bien de aquella casa infernal de todos los diablos.

Cada vez se considera más imprescindible lo superfluo y más superfluo lo imprescindible. Dicho popular principio explica, por ejemplo, el éxito de Gran Hermano y el descrédito de la Seguridad Social, lo digo por el placer de ahogarle la risita a ese que ya se la estaba echando por la gilipollez...

Energías alternativas: ora con sol, ora con girasol, ora con sol, ora con girasol...

Iniciática: ceremonia propiciadora de graves crisis lumbares.

Mis malas relaciones con el confesor se han visto recompensadas con esta perfectísima indigencia plenaria.

Por no haber sabido celebrar el aborto ni legalizar el canibalismo las sociedades modernas tendrán que acabar resolviendo sus dificultades mediante procedimientos aún más expeditivos (Emile Cioran).

La Real Academia se ocupa de lo que nos va quedando del castellano, esa farfolla más conocida hoy en día como expañol.

En las sectas, al parecer, para lavarles el cerebro prefieren irles desnudando de cintura para abajo.

¡Ay la malaria!, esa enfermedad despiadada que se ceba con los malos cantantes de ópera.

Compañías tasadoras. Ora et valora.

El cine latino. Ese de las películas de romanos, entiendo. Con Javier Bardem de Juliano el Apóstata en la toma de Granada proclamando Cartago delenda est ante Calígula y su unicornio azul, Bucéfalo, y Penélope Cruz de Cleopatra, reina, virgen y mártir, madre de los Gracos, musa en la quema de Alejandría por Salomón de Atenas, originario de Hispalis, si no me equivoco. ¡Ah!, olvidaba a Antonio Banderas, de portaestandarte. Música de Sakira, a cappella con Raphael, arcángel.

Si algo es capaz de desencadenarme automatismos de verdadero furor y destrucción por los que mi mujer abandona la sala, mi hijo sacude la cabeza, abre las palmas al cielo y mira hacia el firmamento con los hombros encogidos mientros los vecinos horrorizados pegan los ojos a la mirilla o los oídos a la pared medianera figurándose quién sabe cuáles inhumanos maltratos, es cuando el busto parlante de turno concluye el informativo y espeta inverecundo: -Y ahora se quedan Ustedes con...– ante lo que mi respuesta reptiliana, instintiva e invariable es: –se va a quedar contigo tu p...ísima m... cacho c...ón– a modo de rugido de esos que tiembla el misterio, que el Señor me dio buena voz, y mientras cambio de canal enrojecido de ira antes de estampar brutalmente el mando en la mesita. Y éste sea tal vez el nimio motivo de ciertas miradas recelosas o de reproche que capto en el descansillo y de otras de conmiseración y de oculta complicidad que le dirigen a mi perpetua; y es que soy sin duda de esos ciudadanos, por llamarme algo, que peor sobrellevan esos abyectos imperativos disfrazados de consejo paternal, cómplice, amistoso, lelo y sonriente. Que una cosa es sufrir la programación en silencio y muy otra recibir órdenes de los mercaderes y en mi mismísimo templo, que hasta ahí podíamos llegar.

Hay que ver la de Watios para iluminarse que se gasta toda esta oscuridad tan repujada.

Se acercan las caritas encantadoras hacia la cámara aunque a tan corta distancia según más se le aproximan uno por uno, que al punto les hace parecer unos mostrencos abyectos y deformados mientras declaran: -A mi estudiar-, -a mi aguantar a los profesores-, a mí las matemáticas, -a mí la comida, -a mí los deberes-, -a mí madrugar-. Y lo que habían preguntado en el noticiero de ámbito nacional de Antena 3 Televisión en el día de regreso a las clases era: -¿A tí que es lo que menos te gusta del colegio?- Y lo que es cierto es que las criaturas bien supieron dejar claramente sentado el llevar antiguas lecciones ya perfectamente aprendidas. Todo un país con el dedo apuntado contra ese acontecer desdichado y terrible: la educación; y allí sus indefensas víctimas inocentes, como adultos preguntados después de un atentado, alzando sus voces maltratadas y acusadoras. Y en lo que a mí respecta, casi se me resbalaba una lágrima, como al Blasillo de Forges, y me acordaba de la Lengua de las mariposas y de la cara devastada e indescriptible de don Fernando Fernán Gómez en la escena final del filmo, y se me vinieron las ganas de iniciar un par de renglones sobre auctoritas, o sobre Giner de los Ríos, ya ven Ustedes pobre de mí, hoy en día, figúrense, que me llamarían nazi y fascista y estalinista o tal vez austrohúngaro y me mandarían recluir los propios amigos con camisa de fuerza y babeando y mordiendo y pataleando, que cada día me apetece más, y me apetece más, y me apetece más...

sábado, 2 de agosto de 2008

Principios. Por sus finales los conoceréis

Principios. Por sus finales les conoceréis.

La metafísica, o astrología de las palabras (Paul Valéry).

Con frecuencia la mejor solución será ignorarla.

Los derechos de los fuertes y los de los débiles, se defienden, respectivamente, con fuerza pujante y con debilidad notoria, y en ese orden, porque precisamente es “en ese orden” el mensaje que viaja de polizón en la bodega y como equipaje no declarado de la mefítica palabra orden, que sólo se desplaza en Business class, el cinturón atado y bien atado, con casco y chaleco antibalas y rodeada de pinganillescos y solgafados guardaespaldas.

Guárdate de esos concomitantes con el todo, siempre tan compulsivos e irreflexivos y ruidosos frecuentadores de unísonos.

Nuestra pulcra democracia es esa dama dignísima empecinada en la santa cruzada de convertir a los ciudadanos ajenos en polizones y a los sinvergüenzas locales en ciudadanos.


Crisis inmobiliaria.

¿Dónde están las llaves
matarile, rile, rile?
¿Dónde están las llaves
matarile, rile, ron?
Se las guarda el notario
matarile, rile, rile
Se las guarda mi banco
matarile, rile, ron
chimpón

¡Cuántas cosas podrían curarse sólo con un buen vaso hasta arriba de amarguísimas pero sanadoras y salvíficas buenas lecturas!

Te levantas, enciendes la radio, y constatas cómo las gilipolleces se nos han vuelto a pasar la noche entera de guardia. Y cobrando todas y cada una de las horas extra el doble, como marca el convenio.

El eufemismo, por más que se use más que el término rotundamente definitorio al que sustituya, y siempre con la finalidad de suavizar su significado, (aunque sin saberse muy bien a beneficio de qué o de quién), goza sin embargo y ya desde antiguo de muy mala fama a pesar de su tan universal y avasalladora presencia. Y el por qué de tanto mal predicamento escapa en ocasiones a una primera observación, tal vez sólo porque las verdades sencillas resultan las más difíciles de digerir y porque lo obvio, pase lo que pase y háganle lo que le hagan, permanece siempre firme en el pedestal de su evidencia palmaria, de tal manera que si deja de verse sería precisamente en virtud de dicha quietud, y todo porque nuestros supuestamente refinados sentidos parece que no reaccionan ante tamaña inmovilidad, así como los batracios son incapaces de ver a los insectos salvo que éstos se pongan en movimiento.
Pero casi todo se sabe desde antiguo y buena parte de sus razones también, y se podría afirmar que ese pesado alargamiento y barroquísima repetición con variantes y scherzo que viene a ser la historia, tuviera como única función la de servirle de maquillaje teatral precisamente a lo obvio, ese mortal enemigo de lo que acontece domesticado, es decir, de lo socialmente recomendable. Vean si no: “Cuando las palabras pierden su significado la gente pierde su libertad” (Confucio). Así que cuando sea hora de decir ¡Joder y me cago en la hostia! y sin embargo empiecen con el jolines y el mecachis, ya saben lo que se está perdiendo en la transacción, que el chino ya lo sabía largo entonces, y no es que me empeñe yo sólo en amargarle a nadie el rato, que como verán algún colegui de peso me traigo para apoyar, concepto éste de moda donde los haya, por lo demás, aunque eso ya será otro cantar y además habría que lucir la “equipación” adecuada antes de poder empezar a dar por culo con los oés.

Y a mayor abundamiento: por sus eufemismos los conoceréis.

Tendríamos que ponernos preceptivamente casco y cinturón homologados para escuchar discursos, que hay que ver lo deslavazado que los conducen, las que lían con ellos y cómo se agarran después como lapas a la presunción de inocencia y a que las bajas no fueron premeditadas, lo sentimos. Y eso si es que a algún juez se le fuera a ocurrir preguntarles o no digamos ya allegarse a olerles los hocicos con el concurso de bien calibrados intencionómetros homologados, lo que desde luego sería mucho, muy grave y grande especular, Sancho.

Intrusismos de altura. Calderero a tus zapatos.

Metatemas: ¿Quién vigila al mandarín que vigila al constitucionalista que vigila al jurista que vigila al juez que vigila al subsecretario que vigila al comisario que vigila al madero que vigila al segurata que nos vigila “toítas las veinticuatro” por nuestro propio y exclusivo bien?

Esos masteres en irresponsabilidad para responsables, sufragados por sus víctimas –conocidas también como clientes–, rigurosamente a tocateja, sin descuentos de ningún tipo y hasta el último centavo.

Reflexiones para una filosofía del desconocimiento. No sabe, no protesta.

El unísono es cosa tan grande que siempre terminan por caberle dentro toda clase de mudos y de desafinados.

Dramatización bilingüe. No es sólo que me duela España, es que también me duele –y de verdad que atrozmente– Italia.

–Los hombres y las mujeres son distintos–... y se quedó delicadamente pensativo por un instante, y al poco, súbitamente iluminado, concluyó con firmeza –pero pueden hacer las mismas cosas– (se lo escuché a un niño de unos nueve o diez años, en un programa de televisión, de esos que evidentemente no veo, como insisto en que quede bien claro).

Si eres idiota te puede entretener el aburrrimiento y si vas de listo te aburrirá el entretenimiento. Y no sabría yo muy bien donde posicionarme peor, como dicen ahora.

“El salario de treinta obreros sutiliza mis proposiciones, moraliza mis actos, insufla sabiduría en mis determinaciones y preña de sentido mi pasado”. (Miguel Espinosa, La fea Burguesía).

Desconocer el pasado no es más que estrictamente normal, que a ver a quién le va a importar un carajo, pero empecinarse también en ignorar, y además de manera repujada y arabescada, el presente, empieza ya a parecerme un sospechoso querer exagerar los conocimientos y la sabiduría, la verdad.

La verdad es que a pesar de que la evolución nos robara dos patas tampoco lo hacemos tan mal en el business éste de seguir siendo unas malas bestias.

La venganza, que proclaman ser dulce. En esta mano un aguijón clavado, en la otra la avispa muerta, ¡qué descanso! Pero me acontentaría con un sosegado empate a cero antes que con semejantes alardes de empates a uno.

A la que afirmas tímida y desconsoladamente, que no, que no conoces el futuro y que además preferirías no saberlo, te miran como lo que les pareces, irredento, sin imaginación, sin formación, sin información, sin valor para “mojarte” lo más mínimo y además desesperanzado, ésto último ya del todo incomprensible, socialmente imperdonable y ya prácticamente delito.

Lo único original que vamos a dejar del campo serán algunas viejas fotografías que obligarán a los nietos a contratar especialistas para interpretarlas. Interpretaciones que a buen seguro serán para echarse unas sanas risas si no fuera que seguramente no le irán a quedar a uno ganas, o biología suficiente.

... y luego esos que cuanto más dudan del darwinismo biológico más defienden el darwinismo social, que es una forma como cualquier otra de exhibir el plumero, lo que además les gusta.

A saber qué nos irá a deplorar el futuro...

Baños salutíferos: los de fe, los de multitudes, los alicatados en mármol hasta el techo, los de asiento...

La Santa Madre Iglesia no da puntada sin hilo e incluso en sus momentos más bajos, cuando la historia se le tuerce y malamente no llega ni a tía ermita, sigue pespunteando con igual primor y obediencia, que costureras nunca le han faltado y han sido éstas de siempre su aguerrida y más nutrida milicia. Aunque en este caso no se tratara de un momento bajo, todo lo contrario, sino el de declarar a un papa Magno, esa demasía de grandeza que sólo puede revestirse un papa muerto y ya en la carroza mortuoria, camino de la cripta, de la losa y de la historia, aunque nunca sabremos si en esa representación portentosa de sobriedad e imponencia con la que se llevaron a su más carismático general a vencer la última de sus batallas, la de la santidad, el detalle de aquellas zapatillas agujereadas fuera ese descuido que hace simplemente enorme a un gran guión, o si fuera por el contrario una última demostración del qué son capaces de hacer esas almas bisbiseantes e incensadas. Mas fuera exhibición fortuita o fuera solamente ben trovata no deja uno de pensar en dos iglesias igual que este siempre dolorido pensar lo hace en las dos Españas.
Dos iglesias, la de las zapatillas raídas de un martirio en directo que duró años y que todos, creyentes y ateos pudimos ver con horror creciente y un cierto espeluznado respeto, y no del protocolario, y la otra, la de esos escarpines fellinianos y de raso de Manolo Blahnik –cuyo precio ya sinceramente es lo de menos– que se gasta ese cambiacamisero, aflautado, amanerado, repolido y tiquismiquis de su sustituto. Porque hay papados y papados y porque hasta en cuestiones de antípodas uno tiene derecho a preferirse unos misacantanos a otros, ¡qué coño!, que hay enemigos a los que a uno le sale de dentro el presentarles solemnemente armas y a otros que lo que pide el cuerpo es enseñarles el sacro, y eso aún intuyendo que se corre un elevado riesgo de que les guste, viene uno a temerse.

El empeño del mundo moderno parece el querer facilitarle a la gente el llegar masiva y rápidamente a cualquier otro lugar, mejor si muy lejano y el poder volver corriendísimo, veni, vidi, redii, destruyendo con ello simultáneamente lo que fueran el antiguo camino y el lugar de destino, que ya no volverán a ser ninguno sombra de lo que fueron. O dicho más corto, nunca podrás ver lo que aniquilas con las sandalias mientras piensas estar hollando con civilizada delicadeza el mundo.

Los misterios reales los proporciona la naturaleza, siendo ella misma el primero de todos. Los misterios ficticios los inventa el hombre cuando no puede resolver los primeros y se pone entonces con esmero a privilegiar los de su propia cosecha... que si dioses, que si espíritus, que si almas con sus fantasmas, que si profetas y vírgenes y santos, que si conciencias universales, que si unicidades intrínsecas, que si trinidades o trimurtis, que si yingues y yangues, que si el espíritu del bosque, que si la irritabilísima madre Gaia o que si incluso el derecho natural, ese exquisito oxímoron, al que siempre apelan cuando ya verdaderamente no les queda otra, que ese sí que es sapo gordo de tragar hasta en el caso de que uno fuera cualquier ex-presidente impartiendo ciclos de conferencias, que hay que ver lo que no dejarán de hacer los gachós con tal de seguir rozando y esnifando caobas, que les pierden, porque es cierto que huelen a gloria, eso sí.

Dar por muerta la física, como algún físico proclamó en los cincuenta-sesenta del siglo pasado o dar por muerta la historia, sólo parecen predicados comprensibles desde la oquedad de unas cabezas muertas. Y no querer estar intelectualmente preparado para lo inimagibable me parece la negación más aberrante de la actividad científica, en la actualidad el único sacerdocio con unos previsibles buenos milenios de carrera por delante, y ello incluso a pesar de algunos de sus propios obispos, que también los tienen ¡Y con no vean qué mitras y qué pluviales!

Hubo dos galileos en extremo interesantes. Y si me lo permiten y en contra de una cierta corriente mayoritaria, me quedo mejor con el más experimental que con el más utópico, pero será sólo porque fui de ciencias, mayormente, que no es nada personal.

Nada humano le era ajeno... excepto las ideas propias.

Ofertones. Más por menos... igual a igual.

...Y al repajolero del Creador, una vez que se le hubo ocurrido el látigo, y viendo que era bueno, ya no le quedo otra que ponerse a crear espaldas.

Nada como observar obispos para alumbrar la evidencia de que Dios, y en el caso de poder el pobre todavía elegir algo a estas alturas, seguramente optaría por una silente y modesta laicidad de perfil bajo.

Si se desea establecer con un cierto criterio de fiabilidad si alguien o algo es necio y en cuál grado, contabilícese sin más el número de veces que emplee en su discurso la locución “una nueva dimensión” y correlaciónese de forma directa y sin miedo alguno a errar el mayor guarismo computado con el mayor grado de estulticia a declarar. Y entiéndase además que el término discurso se emplea en este contexto simplemente para entendernos, se comprende.

Contestación llegada a mi e-mail, quiero creer que producida por un idiota automático, ese software que ahora sustituye tan ventajosamente a los anticuadas personas: –Gracias por unirse a HP–, que por cierto, ¡vaya abreviatura! Pero yo no me he unido a HP, me he limitado a comprar una impresora de dicha marca, lo que poco tiene que ver con una unión ni siquiera de esas de hecho bendecidas apenas por alcalde, me parece a mí, así que aprovecho aquí para repudiar públicamente tan familiar y estólida salutación, so gilipollas. Y sepan de paso que yo sólo me uno a lo que me pete o a lo que me salga del nabo, como cordialmente y con mucha mayor profesionalidad que yo les sabría explicar Risto, ese hombre.

Determinadas cantidades sólo se miden mejor por plétoras, en particular la de nosotros, los pedantes.

Los lunes al sol. Y de martes a domingos, al gol.

A la sinrazón bastará con colegiarla para que a cualquiera le parezca compañía digna y de merecido respeto.

Llevo casi cuarenta años cursando una maestría en tragado de sapos, y progreso adecuadamente, según mis tutores.

Descreo a pies juntillas de todas estas comarcas, barrios y pedanías ya casi advenidas a patrias. Soy un discapacitado autonómico sin cura, me temo.

Hay ciertas tarifas aéreas en extremo creativas. Boletos sujetos a humillación, como gustan de llamarlos los propios empleados del gremio, según me ha explicado textualmente uno de ellos.

Parafraseando a don Félix de Azúa. Habría que escribir una historia universal de la sangre narrada por un emaciado.

La añoranza se riega mejor con lágrimas. Por el puntito de sal, que la planta lo agradece.

A todos los suelos les llegan sus San Martinsas.

Por cuestiones de seguridad, yo lo que me pongo es chaleco antibolas. Y con todo y ello más de una me han vendido.

Para Carlos “el abogado”. Para que se joda, quiero decir. El perfecto indocumentado es ese tipo de letrado de barra de taberna que alardea de saber a ciencia cierta lo que ocurrirá mañana y que siempre le deja a uno con la inquietante sensación de que se habrá equivocado incluso cuando acierte.

Esta madrugada sale de Juana. Ética con amplitud de miras, o cuando la justicia, triunfante, sí, pero de pronto horrorizada se tiene que estirar la benda para abajo a ver si le tapa el coño, que de tanto no querer mirar se acaba de dar cuenta de que se le ha quedado inopinadamente al aire.

Correlato. Y es que por existir, existe incluso el amor al trabajo mal hecho.

domingo, 15 de junio de 2008

No se sabe que es peor si tener muchas ideas propias o muchas ajenas

No se sabe que es peor si tener muchas ideas propias o muchas ajenas.

Tiempos aquellos de la enseñanza reglada. A reglazos.

Hablar por hablar es balbucear al cuadrado.

Cuestiones a escolarizar con urgencia. ¿la ache se escribe con ube o con ve?

Todos tenemos el derecho constitucional de disfrutar de ventajosas prestaciones imaginarias.

El idioma ni se crea ni se destruye, sólo se contagia.

Aquél increíble desvarío indumentario de los siglos XVII y XVIII. Y tener que aguantar ahora a un friki de estos creyendo grandísimo hallazgo y provocación sin límites el pasearse delante de una cámara pegando grititos, con una cresta de pollo de plástico en el occípite y unas gruesas gafas de pasta con cristales de culo de vaso, de esas pensadas para escarnecer ciegos, risible colectivo sin duda, y avanzadísima mostración de inteligencia. Y esto un día y otro día y el siguiente...

En una sociedad de iluminados si quieres llamar la atención, tendrás que ir por ahí apedreando farolas.

Está tan sobrecargada e hipervalorada la carrera hacia el infierno que mucho me temo que el día menos pensado le vayan a implantar un severo númerus clausus, y a ver entonces donde iremos la mayoría, como siempre a corto de créditos de todo tipo, que en cambio sí que habrán atesorado prudentemente los avispados de siempre y quienes a buen seguro gozarán también de buenas y verdaderas influencias ante don Pedro Botero.

Física mínima. La suma de infinitas debilidades se llama fuerza débil.

Ciencia política básica. La unión se hace a la fuerza.

Las causas últimas nunca serán las primeras.

La originalidad consiste en concluir acertadamente descartando por completo las premisas, lo que se alcanzará raramente al azar y ya con asaz mayor dificultad estudiando muchísimo y a propósito.

Ciertos futuros ya enseñan claramente su patita de anacrónicos.

Para Pau A. Cosmología recreativa. Tiempos éstos de nada inflacionaria, aunque sin esperanza alguna de aparición de discontinuidades, según estimaciones de los entendidos.

Cosas que ya pasaban en el siglo XVII. La Qale barroqa.

A base de no tener razón y de ejercitarse en justificar lo injustificable se pueden levantar duraderos edificios intelectuales sólidamente cimentados con el cemento más poderoso de todos, el del libre y mutuo consenso para rapiñar, amasado además por cada hormigonera de producto con el añadido de un buen par de cubos bien rasados de pacífica aquiescencia de los rapiñados, de venta en cualquier buen almacén del sector ideológico o en tiendas de laissez fair, laissez passer, con tarifas populares y regladas, éstas sí, por tratarse de un bien público.

Apuntes para un Vademecum. La anorexia intelectual se manifiesta con una grave y continuada pérdida de peso moral de la que el paciente nunca llegará a tomar conciencia por más ayuda cualificada que se le proporcione. Y ni que decir tiene que con ella marchará alegre y plenamente confiado en su normalidad ética hacia la tumba.

Tanta butaca y tanta lectura a deshoras y tanto sillón y escritorio y teclado y tanta libreta con su goma preceptiva apretándole la cintura para que no se le desparramen los glosares y tanto escolio van a acabar en acentuada escoliosis, va a ser que sí.

Se precisa perfil del candidato. Pues evidentemente, que a ver cuál empresa en sus cabales y más aún para dedicarle la flor de su vida al mercadeo y al expolio del prójimo vaya a precisar de nadie que tuviera la ocurrencia de ir a presentarse de frente en ninguna parte, ¡pues hasta ahí podíamos llegar!

Un problema es esta cantidad obscena de todos o de casi todos que cada cual se tiene que echar con diligencia a la chepa para acabar finalmente por no enterarse de nada.

Una sóla palabra desafinada debería doler más que el descubrir un agujero en las calzas de gala del emperador, pues hay cosas que nunca debieran de acaecer y otras que no se entiende como todavía es posible que aún se empecinen en ellas y que se paguen euros largos para que sigan aconteciendo.

El demócrata, en busca de igualdad, pasa el rasero sobre la humanidad, para recortar lo que rebasa: la cabeza. Decapitar es el rito central de la misa democrática (Nicolás Gómez Dávila). ¡Ay don Nicolás... que idea tan poderosa como poco matizada! Tal decapitación podrá ser hasta cierta, pero sería simplemente figurada, que su admirado ancien regime, en cambio, igualaría bastante menos, pero cuando se ponía a rasar lo hacía en serio y las cabezas no eran precisamente en imagen, efigie, o simbólicas, ni los experimentos sociales se efectuaban entonces sin poner algún que otro cráneo en el cesto, convendrán. Con todo y ello la portentosa capacidad expresiva y expositiva del carca de don Nicolás tanto cuando decía verdades como cuando decía necedades, era y es casi inigualable, con cabeza o sin ella, y ante ello yo agacho respetuosamente la mía, y además con o sin la anuencia de Doña L. S., respetadísima clienta de este blogue, por lo demás.

Y continuando con Don Nicolás, nos dejó dicho el prócer: “Lo que no es complicado es falso”, pero me temo que ya en su propia frase se administró inadvertida angostura, pues me digo yo, – siguiéndole–, que no sólo es inspiradamente bella, lo que podría ser opinable aunque en nada ataña a su certeza, sino perfectamente sencilla, sobre lo que ya habrá más consenso, y por consiguiente y aplicando su propia receta se convertiría la dicha ocurrencia en más falsa que un desmentido tajante, pues qué vamos a hacerle, Nico, chato, que es la vieja trampa de ir por ahí desempeñándose con universales, tipos éstos cuajados de dobleces donde los haya.

No existen remedios para casi nada, lo que no empece para que se haga constante ejercicio de ensañarse con las causas y demás alrededores de las cosas, como si el simple hecho de conjurar sus antecedentes y circunstancias fuera a cambiar sus efectos, casi como pretendiera un cualquier semi-salvaje bienintencionado de esos que todavía abundan, cubriendo de oraciones lo mismo un esquife a estrenar que la pócima para un enfermo amortizado o los cascotes de un edificio derrumbado y aspergiendo e hisopando enseres, primeras piedras, estadios, fideuàs, trofeos deportivos presentados a Nuestra Señora del Carmen y cuanto más imaginarse pueda, todo en parigual batiburrillo, y en la firme esperanza de concitar el sonido de alguna flauta. Flauta edulcorada y sacra sin duda, y milagrosa y señaladora firme de esas anchurosas autovías para ratones que existen en todas las salidas de Hamelin, este paraíso.

Si algo desquicia de verdad del mundo moderno es la cerrilidad del software, que supera incluso a la de la burocracia misma, razón por la cual ya empieza ventajosamente a sustituirla y con sus defectos generosamente aumentados, pues todo es un mejorar y un prosperar rectilíneo y sin cuento.

Corolario. Dicho software será finalmente inteligente cuando se insulte desesperados a una página de un formulario dado y éste conteste presentando una denuncia con la adjunta grabación del denuesto a punir, calificando el caso, deliberando, sentenciando, imponiendo la correspondiente multa y embargando automáticamente su importe de la cuenta corriente. Y todo ello en unidad de jurisdicción y de acto, inapelablemente y ya mismo, novedad esta última en verdad revolucionaria, forzoso es reconocerlo.

La gente “ya de una cierta edad” lo que tenemos que hacer es teñirnos las canas para que aunque no nos respeten, siquiera no nos cubran de lapos. Y es que lo viejo ya no vende un carajo ni tan siquiera en ese su tradicional nicho de mercado de la respetabilidad, la experiencia y el consejo non petito.

El tirano y el malvado se industrian en sustraerse a toda rendición de cuentas, aunque no escapan a las que les impone ocasionalmente el azar que, por suerte, de algunos de ellos nos va librando siquiera a poquitos, porque la naturaleza no es perfecta, pero tampoco del todo ineficaz, y además, de algo habrá que alegrarse, así de tarde en tarde.

La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado el regalo (Alberto Einstein). Pues ya lo ven, en aquel tiempo tiempo la sociedad rendía homenajes a las mentes racionales, ¡imagínense... y aún se amargaba el gachó!

A la descendencia, como su propio nombre indica, habrán de dejársele las cosas debidamente enfiladas cuesta abajo. Y de que se les pongan cuesta arriba ya que se ocupen ellos.

Parece ser que la luz de la razón se curva en presencia de cualquier masa significativa. De monetario.

Sospecha de esas verdades que te cuentan espontaneamente, pues por las certidumbres se paga amplio, o será que haya gato encerrado. Así que para empezar, ni se les ocurra fiarse de este escribiente.

Las inocentes y bienintencionadas primaveras de la desesperación ni tan siquiera se imaginan lo que podrán llegar a ser sus inviernos.

La conciencia no sabe nada de política y la política nada de conciencia. Y si oyen que cualquiera de ellas apela a la otra, lagarto.

Me imagino el monto del dinero como el depósito de todo aquello que ya no es y no podrá volver a ser, y como el destino final de todo lo que se le ha ido sustrayendo al planeta y que actualmente tan sólo subsiste bajo las especies de amonedado o ahuchado, figurándose mejor el lector tal hecho acudiendo a la imagen mental de dos depósitos comunicados por válvula de paso de un único sentido acoplada a un mecanismo aspirador por cuya mediación todo lo que se tomara del almacén de la madre tierra fuera a parar a una bóveda acorazada de dimensiones indecibles, y para ya no regresar jamás. Las arcas de Mammón, deprisa o despacio, en mayor o en menor cuantía, con altibajos o sin ellos, crecen año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, creando una sosegada ficción de tranquilidad, de prosperidad y de progreso, mientras los recursos disponibles para lo verdaderamente necesario y para el razonable sustento de todos, (y mídase ello en cualesquiera unidades se prefiera), disminuyen de manera inversa, perceptible y constante. Finalmente cuando todo lo que fue y hubo sobre el planeta se haya convertido en metal de ley, papel moneda, carta de crédito, pagaré o apuntamiento de cajero, se apagará la maquinaria de aspiración por carencia definitiva de qué aspirar y la cantidad amasada quedará para siempre estática, tan inservible, inoperante y próxima al infinito como lo necesario haya quedado de agotado e infinitamente cercano a cero.
Lo positivo es que según la mayoría de las estimaciones todavía faltarán algunas semanas para ello, así que por favor acúciense los estimados clientes en concluir sus apreciadas compras y diríjanse a la línea de cajas, gracias.

Pocos desasosiegos les causan esas aguafiestas notorias de las soluciones a los problemas, pues son legión los que aún largo tiempo después de resueltos todavía se empecinan en seguir ignorándolas y en seguir dándoselas de insolubles, intrincados y gordianos, que es como de verdad les gustaría ser.

Los caminos de perdición destacan por lo cuidado de su asfalto y la pulcritud exquisita de su mantenimiento.

Las sectas en general no gustan de permitir el que sus hijos se asomen libremente al siglo, en el temor de que allí puedan corromperse, pues consideran preferible que esto último ocurra más amorosamente en casa.

Gradaciones idiomáticas. Chunguillo, chungo patata, chungo, chungo cantidá, chungo chungo pero chungo ¿eh?, chungo de cojones, chungo de la hostia y chungo del copón, éstas tres últimas de una calidad expresiva tan inextricablemente próxima entre sí que resultará de muy áspera complejidad el acometer su preceptiva explicación en cualquier curso de estudio avanzados de español para extranjeros, antiguamente castellano.

Un aforismo perfecto es ese clavo que de un único y rotundo martillazo se le deja hundido hasta el fondo en la frente al apreciado lector.

Titular del diario “20 minutos” edición Madrid, el 10-06-2008. Cito textualmente: 77.000 Euros a los padres de un bebé que mató una bacteria. Es sabido que hay bebés terribles, y éste seguramente se extralimitó matando al microorganismo, aunque cabe la posibilidad de que el discapacitado cerebral del redactor hubiera querido expresar que se le han entregado 77.000 euros de imdemnización a los padres de un bebé muerto por causa de una bacteria, y quiere uno suponer que por mediar negligencia hospitalaria o médica, aunque dado el alarde de oficio del simio del gacetillero lo que es este servidor, y ya metido a togado, no dudaría ni un segundo en exigirle al plumífero otros 77.000 eurazos de vellón de multa, para entregárselos igualmente a los inconsolables padres de la bacteria, pobrecita.

Cuando tengo un mal día al llegar a casa le suplico a mi hijo que me escupa. Y es que cuando un hijo te escupe, lo demás algo se relativiza, las cosas como son.

Que lo ministra de igual dado que dada acabe hablando de miembra (o de caraja o de pollo, si se terciare) no parece más que el lógica consecuencio de su función, que acabó efectivamente por crear la órgano, visto lo oído. Bueno ya no sé bien si lo miembre, la miembro o el miembra, que eso dependerá del lado del cual le cargue la badajo a lo Excelentísima Señor, como diría una sastro.

jueves, 29 de mayo de 2008

Tala, enladrilla y corre

Mantra-jaculatoria. Tala, enladrilla y corre.

Ese tiburón que comen tiburán que caza tiburén que preda tiburún que se atraca de tiburines. Y el que esté libre de hambre que no se coma la primera piedra.

Anotaciones para un breviario abreviado. Lo contrario del todo no es la nada sino todo lo contrario.

A las partes es mejor no preguntarles por el todo, acaban siempre por asegurar que las ningunea.

Para oradores agresivos. Un puñetazo vale más que mil insultos.
Versión rosa, con lazo y rebozadita de arrope: Una caricia vale más que mil palabras.

Voy alcanzando esa edad en la que el ánima se va predisponiendo ya menos al leer y más a un desleer responsable y constructivo.

Atunes. En la actualidad al interior de la red de las almadrabas sólo podemos acceder por invitación y pagando las tasas y los derechos correspondientes para poder ser masacrados con arpones neumáticos, –incomparablemente más eficaces que los antiguos–, pues por las experiencias extremas y los chutes de adrenalina parece justo tener que pagar lo que valen.

Tengo una fe ciega en la lógica ¡Ay Jesús qué despropósito!

Paracienciólogos. Sigmundo Fraud.

La salud intelectual se adquiere sólo en las bibliotecas. Es largo y es duro, es verdad, pero más dolorosa todavía es la progresiva acumulación en el gimnasio de sobredosis de ácido láctico en los abductores.

Cualquier otro es un espejo donde nos veremos mejores o peores según la calidad de su azogue.

Desnudar y adornar la palabra, desnudar y adornar... La poesía entendida como estilismo del lenguaje. Pero dentro habría de haber un cuerpo. No basta sólo con el modisto.

La rigidez moral requiere llevar clavados sólidos puntales y vigas en el intelecto.

Las cosas también se pueden arreglar a martillazos, pues es factible ser más sutiles, acerté a escuchar como le comentaba el otro día un cazabombardero a otro cazabombardero en medio de un fuerte estrépito de civiles rotos.

Desconfía de tanto testigo único de su siglo. La historia nos cuelga de sogas mucho más largas.

La fealdad es un error de sintaxis. (Umberto Eco).

La medicina preventiva es esa ciencia entrometida que te impide disfrutar de los beneficios y las alegrías de una curación progresiva.

¡Dichosos los muertos! ¡Y tres veces desdichados aquellos que, llenos de locura, engendran! ¡Dichosos los castos! ¡Dichosos los estériles! ¡Dichosos incluso aquellos que prefieren la lujuria a la fecundidad! Pues ahora los onanistas y sodomitas son menos culpables que los padres y las madres de familia, porque los primeros se destruirán a sí mismos y los segundos destruirán el mundo, a fuerza de multiplicar las bocas inútiles (Albert Caraco). Y se queda uno así, con los brazos colgando y la boca entreabierta como pez, sin saber si rascarse la cabeza, si caer de rodillas arrobado, o cabizbajo o anonadado, si buscar un sitio donde poderse esconder junto a la propia nulidad, si buscar una cuerda con horror y eficacia suficientes, si mendigar un sueño reparador...

La miseria debe de ser toda esta nada de bolsillo.

No cabe postizo peor que un sinónimo imperfecto.

Tiempos éstos, en que hablas de épica, te dan la razón y además te contestan amistosos y casi cómplices: –¡Goooool!–

No se va y se viene de la nada así como si nada.

De últimas y a fuerza de palo, de escobazo y de atarlas bien cortas y apretando, las palabras acaban por obedecerle a uno e ir a donde y como se les diga, pero cuesta años de tener que ponerles cara de vinagre y de ordenarles más de cien veces al día y con el vozarrón éste de puro ogro que se me ha ido quedando: ¡Sit!, ¡Plass! ¡Fuss! y ¡Ahí quietas!; me guste o no a mí y les guste o no a ellas, y encima siempre con los bolsillos pringosos de azucarillos, por si fueran a quererme dar una alegría y hubiera yo de verme en la de tener que corresponderles, a las muy perras…

Verosímil, término éste, que sin saber muy bien por qué, siempre me andaba dando un tufillo sospechoso. Hasta que descubrí que bastaba con darle la vuelta con la espumadera en la sartén esa renegría de freír vocablos que cada cual tiene en su casa para encontrarse con un maloliente similvero chisporroteando al fuego, una cosa así como similcuero; lo cual ya permite ver de sobra la pasta sucedánea de la que está hecho el torticero guiso, al cual ya da lo mismo quererlo rectificar con unas gotas de plausible, un espolvoreado de oportuno o un chorrito de razonable, que el pestazo de azufre no se lo arregla nadie. Y es que a las palabras no se les puede quitar el ojo ni apartar el oído y aún menos alejarles la nariz un sólo instante, que a la que les das la espalda, te la hacen.

Se reúnen a trabajar en equipo, ¡Ay, Santa Teresita de Lisieux!, alumbran no se sabe muy bien el qué, aunque tienda con frecuencia a tratarse de algo que atente contra nuestros bolsillos, y al dichoso proceso lo llaman brain storming (léase breinestormin, pero con un hielo gordo dentro de la boca, para mejor remedar el acento de Norzqueirolaina y disimular el de Zamarramala), lo cual libremente traducido vendría a significar “tormento de ideas”, pues ya se sabe que los gringos se tienen sus jaleos a la hora de manejarse con la propiedad adecuada dentro de ese puchero tenebroso de nuestros géneros, y que si el tormenta, y que si la tormento, y que si lo tormenta. Vamos, que é como pa’ darle ansina con toa la mano vuerta, no me dirán que no.

Si los pesimistas estuviéramos tan bien informados como gustan de atribuirnos no seríamos pesimistas, seríamos suicidas. Razón de más para insistir en solicitar mejor calidad de la información, no sea que se acabe uno dejando pasar oportunidades inmejorables de abrirse las venas.

Y con respecto a la idea del suicidio siempre cabe solicitar una segunda opinión: Lucio Anneo Seneca, Vicente Van Gogh, Ernesto Hemingway, César Pavese, Arturo Koestler... Consulta gratuita.

Dios es el estorbo del hombre moderno (Nicolás Gómez Dávila). Así, con toda aquella su terrible aunque reaccionaria hondura (él mismo gustaba de llamarse así) nos lo dejó dicho don Nicolás desde su dolor y su espanto. Pero se puede efectuar una lectura contraria de la frase, haciendo así un escolio del escolio mismo y considerar lo planteado por positivo y desde la practicidad de que los estorbos más vale eliminarlos y punto, lo cual tampoco sería quisicosa, desde luego. Así pues lo dicho permanece imperturbablemente igual y para los restos pero guarda en su entraña bifronte dos significados opuestos, como mínimo, lo que nos viene a dejar como malestar la nunca nueva pero siempre irritante constatación de la inconsistencia del lenguaje, en cuyo seno, y en ausencia de otro contexto, a menudo viene a ocurrir que la misma frase significa una cosa y su contraria sin ser menester alteración alguna de lo expresado y dejando así de paso con su profesoral culo al aire a cualquiera que se tome el atrevimiento de pontificar sin saber la que le espera o hasta incluso conociéndolo.
Y no por sabido deja de tener el asunto su punto de doloroso, pues deja trasparentar una realidad que desasosiega reconocer, la de que para nada la palabra es tan apta para desempeñar esa función de ayuda al mutuo entendimiento que tan piadosamente y con tanto ahínco se pretende asignarle una y otra vez, con seguramente mucha mejor voluntad que consistencia. En cuestiones de exactitud el lenguaje nunca dio para mucho, y así es aunque así no os lo parezca, y la cosa no tiene arreglo ni siquiera en mano de quienes con mayor precisión y pasión se entregan a cultivarlo, que además son precisamente los únicos capacitados para horrorizarse con todos sus particulares recovecos, qué vamos a hacerle.

domingo, 4 de mayo de 2008

Mejoramos. Ya acariciamos el ser de los primeros en llegar los últimos.

Mejoramos. Ya acariciamos el ser de los primeros en llegar los últimos.

Constituciones. Todos tenemos derecho a un trato parigualmente ilusorio.

La esperanza y la espera. Acabaremos comiendo todos de esas ásperas raíces que apenas echan otra cosa que frutos pluscuamtardíos. A veces.

El amor al prójimo es la consecuencia de una idea sin duda mucho más amplia y ambiciosa: el amor a lo ajeno.

Los escritores poseen un arma temible. Ocurre que por seguridad ésta tiene que llevar siempre y obligatoriamente puesto el capuchón. Por seguridad propia, se comprende.

Tiempos éstos en que mencionas a Franco y te contestan -¿Battiato?- (visto por ahí).

Tipos de pensamiento. El light, el lelo y el lolailo.

No hay falsas alarmas, sólo catástrofes holgazanas, impuntuales y que gustan poco de madrugar para salir a cumplir con su deber.

No sabe, !Ay madre mía, pero claro que contesta! Y acude triunfante el invertebrado con la papeleta y una sonrisa de esas que desguazan la inteligencia, y con la mejor voluntad de arrimar el hombro en esta ardua empresa colectiva de empantanar más todavía todo este pavoroso cenagal.

El arte de las excepciones requiere de un refinado conocimiento de las reglas. Anda y ve a explicárselo a esos que se jactan de ignorar las segundas, a ver como se les convence de que por lo tanto ninguno de ellos ha estudiado lo suficiente como para tener derecho a concebir las primeras. Y a concebir nada en general y ni la más mínima excepción en particular, a mayor abundamiento.

Uno se atrevería a pedirle a los triunfos algo más de catastrofismo, aunque sólo fuera por verles destilar alguna sudada gota de dolorida elegancia.

Semana Santa. Visa Crucis (Antonio Fraguas, Forges).

Brain Storming. Tormentas de ideas. Seguidas, mucho me temo, de los correspondientes apagones, of course.

Tenemos cerebro y pene, y sangre suficiente para que sólo funcione uno de ellos (Robin Williams). Uno de ellos a la vez, entiendo que eso es de lo que se queja el ilustre cómico de la legua. Sin embargo yo no veo nada de malo en ese funcionamiento secuencial, seriado y civilizado, hoy por ti, mañana por mí. ¿O es que acaso considera más recomendable el autor el imaginarse a uno mismo cascándose una manuela a la par que se lee un libro de Cioran? Cada cosa a su tiempo y un poco más de seriedad, don Robín, por caridad divina.

A los Templos del Cielo cualesquiera se sube única y exclusivamente por empinadísimas escaleras. Parece como si se complacieran en dejarle bien claro a la clientela que de facilidades ni una y que el cáliz de las molestias ha de apurarse hasta las heces, y eso sólo pa' ir viendo la hora, que de castigos eternos ya hablaremos en otro apartado.

Me gusta el agua, por heteróclita.

La educación consiste en saber preparar a los hijos para que decidan libremente y por sí mismos escoger lo que se les mande, hijo mío.

Lo chusco es que a la que te descuidas te acabas teniendo que vender al peor postor. Y gracias.

Cuida de que tu pastor no te mande la próxima carta pastoral escrita en finísimo pergamino. De delicada piel de tu espalda.

No sé bien cuál haya sido la causa, pero todos aquellos eufemismos o pseudo diminutivos, trufados de íes a rebosar y que tanto se estilaban hasta no demasiados lustros ha, han decaído en su uso hasta casi desaparecer. La corrección política prescindió también de ellos, incomprensiblemente, pues lameculos de lo decente y cabestros de lo apropiado lo eran más que sobrados como para haberse ganado el derecho a seguir medrando en estos tiempos tan blandos, no desmereciendo además en nada a actualísimas, rotundas y por lo tanto reputadas y respetadas gilipolleces tales como afroamericano (o ciudadano de color) -por negro-, a invidente -por ciego, o a discapacitado motor -por cojo. Me refiero, ya habrán imaginado, a esos objetos verbales para uso de espíritus pacatos, amén de a buen seguro respetuosos con su vecindad, tales como pompis, pilila, chipichí, rogelio, pilingui, hostis, me cachis, jolines, el estrambótico córcholis, el de verdad inconcebible jopelines, ¡pluralización del diminutivo de un eufemismo! y un algo así como asegurarse radicalmente de dejar bien destapada esa sentina de todos los vicios que es una amenazadora botella de gaseosa para que pierda su gas, no sea que sabor tan vigoroso y recio le saque un pucherito al infante que la cate; y así hasta el mismísimo cursi, monarca él de todos ellos pero ya mandado llevar a agarrotar a lo alto de la picota de lo pretérito por el nuevo rey de los descriptores de lo actual, lo friki; desdichado portador asimismo, lo conozca o no, de las íes suficientes y de parecidas maulas genómicas, el pobre, como para resultar tal cual de estólido. Así que las viejas reglas de compostura y todas estas actualísimas excepciones de la descompostura (si bien tan convenientes, -al parecer-, lo friki, lo chanante…) se han hecho tan parejas que ya no queda funcionario de Fomento, casteller, chirigota, director de cine manchego, duquesa de Alba, echadora de Tarot, doctorando en ética deportiva, viuda acaudalada de fabricante de ascensores con museo frente a un bulevar, tonadillera pura y dura, conductor de magazine en horario prime time, exorcista hisopo en ristre y barba de chivo o gramático con preceptiva muceta que las distinga. Y es que a rey muerto, rey puesto, aunque en este caso sin siquiera un triste cambio de dinastía que poder echarse uno a la jeró ¡Miren Ustedes qué leche! Y Madrecita, que nos quedemos como estamos, impetremos temblorosos y por añadidura.

Se mire por donde se mire lo que faltan son escuelas de arte gramático.

Me encantan esos saraos con los invitados todos ellos impecablemente ataviados de alta cultura.

El capitalismo ha integrado también al avaro, que si no gasta siquiera ahorra, y con cualquiera de ambas gana la banca, quod erat demostrandi.

Demócratas de extremo centro (Cibercerdo.com)

El Mundo. Titular del domingo 13 de abril de 2008. “El Gobierno aprueba una inyección de 10.000 millones”; y si uno fuera todavía algo de lo niño que debiera de seguir siendo sería cosa de decirse: -¡Jesús, María y José, habrá que ver ese pandero!-

El perejil está buenísimo, pero creo que es porque existe la costumbre de esparcirle por encima chuletitas a la brasa.

¡Claro que hay vida inteligente en el universo! La prueba es que nos evita (Anónimo).

Aggiornamento filosófico para adolescentes. Yo soy yo y toda ésta mi circunstancia autonómica.

Banderas a media asta. Que al parecer se las cuelgan a medio cuerno, es lo que entiendo.

Pareciera que cuanto más pequeños de miras nos vamos haciendo más empequeñece solidario el planeta con nosotros. Hoy en día los Sanchopanzas tardamos apenas unas pocas horas en darle la vuelta completa al bolardo montados en todos estos jumentos a reacción, pudiendo abarcar así de un único golpe de vista millares de Baratarias que poder ansiar, pero que tampoco se van a alcanzar nunca a gobernar, columbro. Visto lo cual ¿No hubiera salido más arreglado haber seguido suspirando por una única ínsula invisible pero siempre al alcance de la punta de los dedos de los sueños y sin que hubiera tenido nadie que tomarse la pajolera molestia de salir del Toboso y sus alrededores? Y con toa esta calor que está jasiendo, además.

Como ya su propio nombre debiera de recordarle a oídos menos duros que éstos de tan pocos latines que se nos han quedado, en la antigüedad las piscinas se hacían para los peces, para engordarlos en armonía, tal y como Júpiter mandaba, antes de pasarlos a la mesa y de paso y ya puestos para que mientras tanto sirvieran de alegría para la vista. Ahora se compra el adinerado una isla y lo primero que le hace es una piscina en el medio, pero sólo para flotar él mismo con su mismidad o a lo sumo con alguna hetaira bien pagá. Y se pregunta uno: ¿Pero es que el perímetro de lo mercado no os daba siquiera para soltaros cuarenta brazadas en libertad, cacho desgraciaos?

A ciertas edades notas que se te apergamina incluso el alma, que no existe.

Sólo recuerdo haber sido joven y ahora ya casi viejo. De la madurez, la verdad, poca noticia. Debió de consistir en algunos minutos desparramados en medio de vayan Ustedes a saber cuáles obligaciones. Así que poco a nadie debiera de importarle, y a mí menos.

Se ha puesto otra vez de moda la piratería, a punta de lanzagranadas allá por el cuerno del África, por las ínsulas de la Sonda y por otros lugares igual de improbables, y para nada dicho pirateo consiste en tiernas mariconaditas como guindarle un número de serie con el crack correspondiente y su keygen a Bill Gates o a Steve Jobs, que la cosa ahora va en serio, y disparan. Aunque ya se veía venir. A la que empezaron a aparecer por doquier gachós con el pendiente en la oreja así porque sí, ya se advirtió uno: verás tú que estos empiezan por el arete así a lo bobo y se nos acaban volviendo todos Morganes, Walterraleighes y Sandokanes y ¡hala! a tomar por esos charcos litorales cualesquiera naos de unas y otras Majestades o de Repúblicas presidenciadas, sin respetar gallardetes, pendones ni bandas tricolores, al abordaje, sin cuartel y a sangre y fuego. Y en totá, miren uztede, que ze le han quitao a uno hazta laz gana de tomarze un fino con un pezcaíto adobao de la Mar de Omán, ¡cojone!

De siempre he oído que el castellano es parla fácil de aprender para los guiris y otros futuros hispanistas, pues su gramática está muy claramente pautada y todo se dice por estos pagos tal cual se escribe, lo que sin duda, aquí y en Bayadolí, es de grande ayuda para el educando.

EL precio del crudo nos tiene fritos (Darío Banegas).

Hablar de música es como bailar de arquitectura (Frank Zappa).

La libertad tiene sus novios. El compromiso maridos.

El big bang, momento al parecer en el que se pasó del todo en potencia a toda esta nada en la práctica, si bien resultona, eso sí.

Los mafiosos arrepentidos se ven limitados a contratar solamente suicidas a sueldo.

La posesión de arrugas como Dios manda distingue a los seres humanos reales de aquellos otros en hipótesis.

Se amaban cautelarmente.

Capitulaciones matrimoniales. Pues empezamos bien. Capitulando.

Procusto. Marketing adaptativo.

Pocas cosas más imaginativas y fantasiosas que tener una buena memoria.

La afectación entendida como una de las bellas artes.

Calculistas. Antes muertos que sin cero.

Cioránica. Estamos abiertos a desear el todo y limitados a disfrutar de la nada. Son las cosas que tiene el equilibrar.

De los nombres de las cosas.
Existe un producto detergente que responde al nombre de “Kalia Vanish Oxy Action Crystal White, multi”. Sencillo como verán. Dado que no es posible imaginar que el Creador permita la existencia en nuestra España inmortal de un departamento de mercadeo capaz de llamar a un producto semejante cosa así porque sí, ha de existir necesariamente una causa oculta que lo explique, y no creo que sea ella la de irritarnos el oído a mí y a otros cuatro pedantes más, me dije. ¿Publicidad viral, acaso? No lo creo, pues considérese que los mendas se pagan el martilleo en la tele en su buen horario punta, que no valle, los muy rumbosos, y de esto hace ya sus años, y aún siguen. Por lo demás el producto no ha desaparecido del mercado en este tiempo, cosa aún más incomprensible todavía, y señal cierta de que se vende, así que ¡Hay que joderse!, cabe concluir que es cierto que se lo compran las marujas más obsesivamente frotonas y además son capaces de pedirlo sin que les desprenda el frenillo. En busca pues de documentación para encontrar la ínsita trampa me topo con un blog donde un bienaventurado lector, un tal Juan Carlos, comentando precisamente el apelativo comercial de marras, y a modo de explicación, tiene pegado lo que sigue (y los paréntesis son míos):
Biotherm Aquasource Non Stop Yeux Oligo-Thermal Gel.
Biotherm Age Fitness Power 2 Yeux (en este caso, por cierto, no sé si el 2 debe leerse two o deux o dos, o due, o zwei o qué carajo, y si algún amable lector lo supiera, le suplico me lo comunique, pues algo se me sosegará con ello la atormentada ánima).
Guerlain Issima Happylogy Night Soin Réveil Radieux.
Biotherm Age Fitness Power2 Recharging & Renewing.
Biotherm Age Fitness Anti-edad Intensive Regenerating Night Care, para piel seca.
Cle De Peau Oil Balancing Essence (y ya me dirán Ustedes de qué es lo que se habla aquí, porque desconozco si se trata de un laxante, de un producto fitosanitario, o de una coña gruesa entre amigotes).
Clinique Total Turnaround Fluidoe (Lo del fluidoe tampoco sé si es una errata o se ha dejado así caer para enternecer latiniparlas, que todo cabe, y alguna habrá entre la clientela, postulo).
Clinique Repairwear Day SPF 15 Intensive Lotion (Oily Very piel grasa).
Y así sucesivamente.
En fin, todos ellos productos, ni que decir tiene, de buena venta, fabricados y comercializados por marcas acreditadas y de un prestigio reconocido en su pedazo del tartamen, o sector. Y entonces, aquí llegado, comprendí de golpe que no había más nada que enredar, entender y rebuscar, ni más ojos donde tuviera que meter el dedo. Si yo mismo soy capaz no ya de soportar, sino de interesarme por un vehículo con diferencial Torsen autoblocante, con propulsor 24 válvulas Efitec, common rail, TDI Vtech V6 que desarrolla 278 Nm y además entiendo todo ello sin necesidad de una larga sesión recostado en diván de pago, no veo bien a santo de qué le voy a afear nada a nadie, que para gustos se hicieron las jergas, que es lo que en definitiva he descubierto hoy, así que ahora mismo a callarme, aunque eso sí, sin que sirva de precedente.

Lo del “gue”, el “ge”, el “je”, el “güe” y vayan Ustedes a saber si acaso también el “jüe”, a estas alturas, no es ya que no tenga remedio, es que no tiene ni rabo por donde asirlo. Y si uno ya casi se había hecho un callo vestibular a base de oír cónyugue por cónyuge (en el entendimiento por parte de los emisores del flato de que la cosa se pronuncia “gue” y no “ge”), y hasta ahí, pues sea incluso, que si lo considera así vocalizado el personal pues no estaría tan mal escrito de tal guisa, me avengo a reconocer. Pero para lo que hoy he visto, lo confieso, no estaba preparado: ¡Sanguisch veguetal!, así, sin la preceptiva diéresis en sangüisch, ¡ay Santa Gema Galgani, que se me doblaron las rodillas!, y en la creencia además de que la vernaculísima “ge” de vegetal se escribe “gue”, que ya es creer y tener fe en lo inexistente, que si al menos hubiera figurado “je”, la cosa sería algo más comprensible; y es que esto ya no es que sean faltas de ortografía, sino ausencia de lóbulos frontales, o demasía de trato y conversación con amebas, y más probablemente lo segundo. Total, para acabar, que entre la cocinera y el camarero del chiringo hubieron de sostenerme por los sobacos, recostarme y después abanicarme largo, que es que ya no tiene uno edad, pobre de mí.